Tuesday 12 january 2 12 /01 /Ene 23:30

El siguiente artículo surge de una entrevista realizada por Mónica Molina de Urb@nas en Red a Erica Montaña  Doctorada en Trabajo Social, publicado el 28/12/2009, con el título "La sexualidad que trasciende al encierro".

La cárcel sea de varones, mujeres, o de las diversidades sexuales que alli (por distintas circunstancias) se encuentren, es un ámbito que siempre genera curiosidad a quienes estamos del lado de afuera de los muros. El mundo académico no escapa a los interrogantes sobre lo que ocurre detrás de las rejas. Erica Montaña es sanjuanina, ejerce su profesión de Trabajo social desde hace 25 años en el sistema público de salud de la Provincia de La Pampa, integra además el Instituto Interdisciplinario de la Mujer de la Universidad Nacional, de la que también es docente de Ciencias Humanas. Con trece años de trabajo en la Unidad Nº 4 del Servicio Pennitenciario Federal con asiento en Santa Rosa, inquieta por las cuestiones sociales, de derechos humanos, y de género, Montaña recogió la experiencia que viven las mujeres que realizan extensas colas junto a sus hijas e hijos en cada visita que realizan para ver a sus parejas.
Desde el año 96 y por derecho amparado en la ley nacional Nº 24.660, los varones privados de la libertad y que tengan pareja, acceden a una "visita de reunión conyugal". Como viven las mujeres su sexualidad con su pareja conviviente es el interrogante del que partió Erica Montaña. Su tarea como Trabajadora Social le permitió entrevistar a muchas mujeres con residencia en Santa Rosa, que "explícita o implícitamente" expresaban su situación frente a ese derecho.  "Muy pocas eran las mujeres que no tenían problemas de vivir la sexualidad dentro de la cárcel" dice Montaña cuando Urb@nas la consulta sobre los obstáculos que manifiestan las visitantes.En general, aquellas que por su historia personal o por haber tenido algún familiar, padre o hermano detenido vivieron una "proximidad con el lugar del encierro", son las que menos dificultades tienen. Sin embargo para otras mujeres el ejercicio de su sexualidad en este espacio no es más que cumplir con el mandato para sostener la pareja y los hijos. Erica Montaña afirma que incide mucho el nivel de instrucción de las mujeres; "hay niveles de subordinación muy marcados" reflexiona.
Para su tesis doctoral, hizo el recorte de población en parejas heterosexuales. "No tuve la oportunidad de situaciones de parejas gay o lesbianas" dice mientras recuerda un reciente falloen favor de una pareja de lesbianas que permite el acompañamiento en una cárcel argenina. La Doctora Montaña reconoce que de la misma manera que ocurre en otras instituciones, la mujer es tratada como un objeto en esos lugares, situación que se manifiesta con los vínculos que se construyen. Para que se permita la "visita de reunión conyugal" tiene que haber un vínculo previo; muchas veces este derecho es utilizado para la obtención de otros beneficios como la salida transitoria, posibilidad que tienen los varones si cuentan con un domicilio y hogar donde estar. Un área en la que indagó la profesional para su trabajo, fué la relacionada con el placer físico en estas mujeres que visitaban a sus parejas. No es sencilla la obtención de esa información, aquí se juega la subjetividad de la mujer en un espacio condicionado.
Lo que está legislado como un derecho para los internos, no deja de tener la percepción de "beneficio" desde el lado de la institución. Por ello, dentro de la lógica de la cárcel, una de las sanciones que se utilizan es cortar la visita conyugal. "Pero mientras es una complicación para el detenido, la mujer lo vive en muchos casos como un alivio" asegura Montaña. De los relatos recogidos de las mujeres surgen sus miedos a quedar embarazadas, de allí que prefieren no realizar estas visitas, o que las mismas se distancien, razón que en los varones levantará la sospecha que su mujer está ambarazada. Por otra parte, hay quienes ante la situación de condenas largas por parte de sus parejas, elijen no quedar embarazadas para que sus hijos/as no pasen la infancia tras las rejas al momento de las visitas. Los detenidos han construído en algunas cárceles de Argentina sus espacios para hacer más digna y placentera la habitación donde se producirá el encuentro con su pareja.
No obstante, estos lugares donde tiene lugar la visita íntima o "higiénica" (como se la ha nombrado infinidades de veces), generan resquemor en algunas mujeres, puesto que al igual que en sus hogares, hubo mujeres que han sido víctimas de violencia dentro de estos lugares de encierro. De allí, que el distanciamiento en la frecuencia de la "visita de reunión conyugal" sea un alivio. En cambio, para otras parejas es un espacio donde poder vivir su intimidad, sin que necesariamente sea un encuentro sexual. De todas maneras, la subjetividad de las mujeres a la hora de ejercer su sexualidad en la cárcel "para cumplir con su deber con sus maridos" tiene sus bemoles, y no es algo sencillo de mirar, sostiene Erica. Pasar la requisa, las dos o tres rejas que la conducirán tal vez a un momento de placer, sumado a que quien tiene la llave del lugar privado para la visita íntima se va con ella (y es quién en definitiva regula la dinámica del encuento íntimo), torna inevitable no pensar en los conceptos acerca de la represión y de control social desde la mirada de Michel Foucault.
"No es fácil ver la prisionalización", término poco o nada frecuente para quienes queremos saber que pasa allí dentro; sin embargo la palabra remite a lo que "irradia" la situación de encierro y cómo se instala simbólicamente en las relaciones familiares y sociales, sobre todo "porque las cárceles se sostiene con la población de mujeres y hombres pobres, con el patriarcado siempre presente", explica Montaña. Tanto en hombre como mujeres, "la institucionalidad condiciona su sexualidad; toda la trama vincular y su sexualidad están controladas", sostiene Erica Montaña, cuyos actores son los agentes de una institución vertical, rígida.
Una particularidad que le llamó la atención durante su experiencia trabajando en la Unidad Nº 4, fué la fidelidad de las mujeres con sus hijos e hijas los días de visita, situación que no es análoga en las cárceles de mujeres, donde no hay quien sostenga desde lo económico, afectivo o simplemente fraterno, solidaridad alguna con quienes viven un tiempo de sus vidas tras las rejas, solidaridad que en el caso contrario, se extiende en aquéllas que cuidan de la prole de las que ingresan para darle un momento de privacidad a sus afectos.

Por Los Derechos de las Mujeres - Publicado en: Sexualidad - Comunidad: LOS DERECHOS DE LAS MUJERES
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