¿Podemos responder lo que preguntan nuestros hijos? (2)

Publicado en por Susana Giosa

Por qué  nos  cuesta  comunicarnos

 

Muchas son las causas que provocan la falta de comunicación entre los seres humanos, y a mayor número de integrantes de los núcleos sociales y/o familiares, ésta se dificulta considerablemente. La edad, el idioma la clase social y el nivel cultural son los mayores generadores de la incomunicación; cada uno de ellos de por sí, ó integrando un conjunto de dificultades.
Si analizamos nuestra historia personal, vemos que en la educación y formación que recibimos, seguramente están presentes algunos o todos estos impedimentos que reconocemos como conflictivos para llegar a una comunicación franca y sincera.
La educación que se transmite de generación a generación, siempre está sujeta a los cambios sociales, a los acondicionamientos culturales y a la predisposición natural que cada ser humano tiene, y para poder adaptarnos a esas modificaciones tenemos que evaluar la enseñanaza que recibimos de nuestros mayores. Cuándo la instrucción que heredamos nos impide aceptar los cambios culturales sin caer en un exceso de tolerancia, vemos cómo se entorpece el diálogo  y se origina falta de confianza y sinceridad que influyen  negativamente en las relaciones familiares. Se hace necesario entonces, revisar las actitudes que tomamos frente a las demandas de nuestros hijos.
Puede ocorrir que el díalogo se vea frustrado por el desconocimiento que tenemos de algunos temas que nos producen un sentimiento de vergüenza, y que preferimos no hablar optando por un silencio que no es beneficioso ni para nosotros ni para nuestros hijos.
Debemos tratar de "ponernos al día" con los requerimientos de las/los jóvenes y adolecentes, muy especialmente en lo relacionado con la sexualidad y derechos reproductivos, tomando cada pregunta con la seriedad e importancia que cada una contiene, hablando con naturalidad y claridad, para conseguir la necesaria confiaza de nuestros hijos.
El díalogo familiar tiene que ser recíproco, debe partir de ambos de la mujer y del varón, y los dos deben estar preparados para responder las inquietudes de sus hijos, independientemente del sexo y de la edad de cada uno de ellos.


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