Alemania: Centros de Salud están utilizando el servicio de Mujeres ciegas para detectar cáncer de mama.

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

6302d13934a8f15ed4a31a1e157e901d.jpgLos dedos avanzan lentamente sobre la piel de la paciente. Centímetro a centímetro palpan, paran, vuelven a palpar. La joven cuyos dedos parecen tener una vida propia mantiene los ojos cerrados. Bajo la manga de su camiseta se asoma un tatuaje con la huella de un perro y el nombre ‘Moritz’.

Mientras tanto, la paciente reposa boca arriba sobre una camilla y observa los movimientos con atención. Ha venido del otro lado de la ciudad para que una persona que nunca ha visto en su vida le examine los senos. Cada día, cuatro mujeres visitan este consultorio en el este de Hamburgo, Alemania —algunas viajan cientos de kilómetros— para que la mujer de los ojos cerrados y el tatuaje les haga el examen.

 

Pia Hemmerling ha convertido su mayor debilidad en un talento profesional. La pelirroja de 24 años es alegre, simpática y, desde su nacimiento, prácticamente ciega. Su discapacidad le ha permitido desarrollar un excelente sentido del tacto que hace dos años la ayudó a encontrar trabajo. Desde entonces se dedica a la palpación de senos.

Hemmerling es una de las 13 palpadoras ciegas profesionales que hay en Alemania. En 2007, en la ciudad de Duisburgo, al noroccidente del país, el ginecólogo Frank Hoffmann tuvo la idea de darles a mujeres ciegas la oportunidad de especializarse en el examen de mama. En ese tiempo, el gobierno alemán había reformado el programa de detección temprana de cáncer de seno, financiando la mamografía sólo a mujeres entre los 50 y los 69 años.

“Así, para las más jóvenes y para las mayores la palpación de senos se convirtió en el único examen de prevención cubierto por las arcas del Estado”, dice Frank Hoffmann. El ginecólogo está convencido de que el mejor remedio para este mal, que mundialmente cobra 458.000 víctimas mortales al año, es detectar un tumor lo más temprano posible. En sus primeros estados todavía es pequeño y se puede curar. Sin embargo, en el trajín del día a día casi ningún médico tiene tiempo para hacer una palpación minuciosa.

Fue así como Hoffmann llegó a la idea de contratar especialistas ciegas. Se enteró del caso de una enfermera que se había quedado desempleada después de perder la vista. A sabiendas de que los ciegos superdesarrollan sus otros sentidos, Hoffmann se reunió con la enfermera y le enseñó las técnicas de palpación. El experimento fue todo un éxito.

Hoy, cuatro centros de rehabilitación ofrecen la especialización. La formación, única en el mundo, ha sido certificada por la Asociación Alemana de Médicos y ya tres compañías semiestatales de salud cubren los gastos. Y si el seguro no paga, la consulta no es muy costosa: 30 euros (aproximadamente $75 mil).

Pia Hemmerling es una de las más recientes graduadas en esta especialización. Después del bachillerato se había quedado sin perspectivas. Para ella, la posibilidad de formarse como palpadora profesional ha sido una fortuna. Se siente feliz. “¡Sin trabajo me moriría del aburrimiento!”, dice. En Alemania, sólo el 30% de los discapacitados visuales tienen trabajo. De lunes a viernes, Hemmerling se desempeña como palpadora y los fines de semana trabaja con su novio, también ciego, quien es el cocinero del famoso Unsichtbar, un lugar sin luz con meseros invidentes.

De vuelta en el consultorio de Hamburgo, Hemmerling acaba de terminar el último examen del día. Con una sonrisita traviesa le dice a su paciente: “No encontré nada en el lugar equivocado”. Luego, cuidadosamente, le quita la cinta roja y blanca con las marcas en lenguaje braille que usa para dividir cada seno en zonas. “Las cintas me sirven para indicarle al médico exactamente dónde tengo la sensación de haber hallado algo”, explica Hemmerling. En ese caso, el ginecólogo revisa el resultado con un ultrasonido.

“Aquí la responsabilidad es del médico”, dice Hoffmann. “La palpadora no lo reemplaza, sólo lo asiste”. Y, así, ambas partes ganan: Pia Hemmerling obtiene su salario y, por contratar a un discapacitado, el Estado alemán le da dinero a Hoffmann para su consultorio.

Hemmerling dice que puede sentir tumores que miden pocos milímetros. No siempre es cáncer, pero si lo es la paciente todavía está a tiempo de curarse. Hoy no encontró nada sospechoso. Es hora de irse a casa. Allí, la esperan su novio el cocinero y Moritz, el perro de ciegos de la familia.

 

Fuente: Diario El Espectador (Colombia) - BRITTA VERLINDEN - Alemania - 28/09/11 -

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