Ancianos ante el envejecimiento, la enfermedad y la muerte.

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

EL OTOÑO DE LA VIDA ES TAN RICO DE SENTIDO COMO LA PRIMAVERA, AUNQUE ESE SENTIDO Y SU PROPÓSITO SON COMPLETAMENTE DISTINTOS. Carl Gustav Jung.persp19_06.jpg                                                                                  

El envejecimiento, la enfermedad y la muerte tienden a constituirse en temas tabúes, prohibidos, en una sociedad de consumo, que se empeña en negarla, en su afán de ocultar las conciencias desdichadas para vendernos la imagen de una conciencia feliz, que no se siente culpable de nada, ya que la sociedad contemporánea evita mostrar el malestar en el mundo, a no ser que pueda hacer de la miseria un espectáculo un tanto pornográfico, que produzca dinero; esa misma sociedad parecería sólo diseñada para jóvenes, bellos, ricos y famosos y trata a los ancianos como si fueran sus parias, a los que condena a una existencia miserable, a la soledad, a la invalidez y la desesperanza, como si no se tuviera en cuenta que son seres humanos como nosotros.

Y los ancianos, ya sin suficientes medios económicos tienen muchas dificultades para hacer valer sus derechos. Si ellos manifiestan y reivindican deseos y sentimientos semejantes a los de los jóvenes causan escándalo; para ellos, no pareciera ser el amor ni la sexualidad, que resultan para muchos irrisorios a esa edad, ya que lo que se pretende es vender una imagen idealizada de un venerable anciano, de cabellos blancos, para ocultar la otra que se vende de la vieja o el viejo chocho y loco, que desvaría y se vuelve el hazmerreír de todos, dada la ambivalencia que la sociedad contemporánea mantiene hacia la vejez, etapa de la vida humana a la que mira con una mirada cargada de amor y odio.

Cuando llegan a la edad de su retiro, la jubilación entonces, más que producir alegría y júbilo, en muchos casos deja al ser humano estupefacto, porque aunque la hora estaba fijada, él hacía la vista gorda, y ahora esa circunstancia estaba ante él, sin que nadie lo hubiera preparado para ello, situación que debería tenerse muy en cuenta para evitar al anciano que traspasa esa puerta, se llene de angustia y desencadene un proceso de enfermedad. El anciano teme llegar a constituirse en una carga, o que se les imponga un nivel de vida miserable acorde con la representación que los jóvenes pueden tener de ese pobre viejo o vieja, condenado a vegetar en medio de la soledad y del aburrimiento, como un desecho de la sociedad. Ello, más bien, debería cuestionar a la sociedad misma, porque como escribe Simone de Beauvoir: "Que durante los últimos quince o veinte años de su vida, un hombre no sea más que un desecho es una prueba del fracaso de nuestra civilización". >>> CONTINUARÁ >>>

 

Fuente: Reacción de los ancianos ante el envejecimiento, la enfermedad y la muerte (Parte I) - JESÚS DAPENA BOTERO (Especial para ARGENPRESS CULTURAL9

 

 

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