Aprender a decir adiós.

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

356010752_82437ea44f.jpgDespedir un amor, un trabajo y hasta entender que los hijos se van, ayuda a madurar y a cerrar relaciones que, de mantenerse son peligrosas. Hay momentos en que la ambigüedad es la madre de todos los males. Como si la vida se pudiera suspender por temor a dar pasos difíciles pero necesarios, nos negamos a tomar decisiones trascendentales para continuar nuestro camino personal y dejar que otros hagan lo propio con sus vidas. Situaciones afectivas agotadas, trabajos que no producen alegría, relaciones que agonizan y en las que ya es imposible de recuperar la fuerza que en algún momento tuvieron, son hechos que exigen respuestas de fondo. De nada sirve esperar a que la vida pase si su trasegar sólo traerá mayor desconcierto y la sensación de frustación e impotencia. Tomar las decisiones a tiempo, con más racionalidad que emotividad y evaluando cada hecho en su justa medida, son recomendaciones saludables cuándo se vive con el deseo de aprender y disfrutar.
En culturas como la nuestra, en al que prima la idea de poseer objetos, relaciones y hasta personas, decir adiós cuesta mucho más, a esto se suma que esos modelos ideales que nos señalan cómo debemos vivir, también están cargados de cosas que debemos tener, así que cuando llega el momento de dejarlas, esa ruptura es más compeja y traumática.
Una de las mayores críticas que hoy se le hace al  pensamiento occidental es que enseñó a ser muy dependientes de las personas, contrario a lo que ocurre en oriente donde se predica una visión de la vida en la que prima más ser que tener. En este sentido es más valioso vivir feliz que tener (porque es lo que está bien visto), una relación afectiva que yá no permite crecer ni encontrar sentido a la vida compartida.  Desprenderse de una idea posesiva del amor, es entender que la vida tiene su propio curso, y que si bien hay una promesa y un compromiso cuando se afirma querer a alguien, este acuerdo o deseo tiene su propio límite marcado por la posibilidad de encontrar la felicidad y la realización de ambos en esta desición. Por eso, una nueva visión del amor está enfocada a recibir las cosas y sentir a las personas que nos acompañan en momentos claves de la vida, como donaciones, es decir, como regalos y oportunidades, por esto mismo, es más valioso la calidad y la intensidad de la relación que la durabilidad de ésta.
Asumir las consecuencias del adiós de una manera distinta, nos lleva a que vamos más allá de experimentar tristeza como único sentimiento frente a este hecho. Por el contrario, una despedida puede ser una oportunidad para hace un alto en el camino, para ponerle punto final  a situaciones que aparentemente se presentan como sin salida, a romper con círculos viciosos que por temor a la soledad mantenemos, y sobre todo para hacernos responsables de nosotros mismos y de nuestra felicidad. Todo adiós remite necesariamente a una muerte simbólica, pero a su vez significa una transformación, es decir, obliga a que algo muera para que se abra espacio a otra cosa. Son como pequeñas muertes de uno mismo que le darán paso a nuevos procesos. Así como la naturaleza, los seres humanos también tenemos ciclos que comienzan y terminan, la clave está en entender que ese temor al cambio debe superarse racionalizando sus fases.
Frente a todo cambio, la primera fase hace referencia a la negación: "Esto no me puede pasar a mí". Incluso, en caso de que se haya buscado el cambio, también se puede experimentar resistencia y esto da paso a un segundo momento: "Yo, ¿cómo voy a cambiar esto por aquello?", "realmente no sé si quiera cambiar", "Si será tiempo de irme?" etc. Así que, una vez conscientes de todo, viene la tercera fase que es definitivamente la de la aceptación, en la que finalmente se comprende que hay que seguir viviendo con esa nueva situación y se sientan las bases para que lleguen nuevas realidades.
Acompañando cada adiós está la idea de desprendimiento, de ser capaz de tomar distancia de aquello en donde hemos puesto el corazón y la vida, aprender las lecciones de ese paso y mirar hacia un nuevo horizonte. Pero no todos los adioses son iguales, hay despedidas voluntarias y otras forzosas, están aquellos que toman la decisión consciente de romper con una relación, y hay otros que se ven afectados por esto, sin haber incidido ellas en la decisión. Sea cual sea el caso es necesario preparase para esto, es decir, elaborar el hecho como parte de un proceso en el que es necesario saldar todo para comenzar nuevas búsquedas personales y afectivas.........

Fuente: artículo publicado por FUCSIA - Diario La Estrella de Panamá - Suplemento Carrusel - 26/02/10

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