Argentina: Córdoba: El día que la lesbofobia fué un arma asesina.

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

El homicidio de Natalia Gaitán, la joven a quien el padrastro de su novia disparó con una escopeta, comenzará a juzgarse el 26 de julio, en un proceso que pondrá en debate la discriminación y la violencia sexista. Paradójicamente, para la ley vigente esta motivación criminal no constituye agravante.

Martes 26 de julio de 2011. Ese día, a las 9,30 horas, comenzará en la Cámara Séptima del Crimen de Córdoba el juicio penal contra un hombre que mató a una joven mujer de un disparo de escopeta, en un barrio periférico de la ciudad. Daniel Esteban Torres, de 40 años, está acusado de “homicidio agravado por el uso de arma de fuego”.

 

Los jueces Víctor Vélez, Ricardo Iriarte y Carlos Ruiz escucharán los cargos que presentará la fiscal María Inés Ferreira, luego a una decena de testigos que seguramente fortalecerán la imputación, después los alegatos de las partes y finalmente -en estricto acuerdo con el Código Penal- dictarán una pena que puede oscilar entre 10 años y medio y 33 años de prisión. Pero eso es lo de menos.

 

Entre los testigos, estará la madre de la víctima, quien deberá revivir su dolor ante el tribunal. “¿Qué expectativas puedo tener? ¿Qué sentido tiene este juicio? -inquiere Graciela Vásquez de Gaitán- Me pregunto si los que van a juzgar han sufrido alguna vez el dolor que yo tengo. Si no, presentarse a escarbar y abrir nuevamente la herida no tiene sentido. No hay reparación posible, pero igual tengo que buscar justicia. Porque no fue un drama pasional; fue un drama de género. Porque el caso de Natalia fue un detonante mundial. Porque éste es el juicio de la discriminación”.

 

Sábado 6 de marzo de 2010. Natalia Gaitán tenía 27 años y en el barrio Parque Liceo segunda sección la conocían como Pepa. Su madre conducía la asociación “Lucía Pía”, donde despuntaban el hábito de la solidaridad hacia los necesitados de esa zona de la periferia norte de Córdoba. Por ejemplo, hacia el matrimonio de Daniel Torres y Silvia Suárez, a quienes les dieron trabajo en el comedor comunitario y en la guardería de la ONG. De una pareja anterior, Silvia tenía una hija de 16 años, que entablaría una relación de amor con Pepa.

 

Cuando la chica blanqueó en su casa el romance con Pepa, para su madre y su padrastro fue como una declaración de guerra. La adolescente tuvo que abandonar el hogar y acudió a una tía que le brindó alojamiento desde julio de 2009 hasta enero de 2010, cuando decidió defender su relación e irse a vivir con Pepa, al pequeño departamento que su padre alcanzó a construirle antes de morir, en la misma sede de “Lucía Pía”.

 

Aquella tarde, todo comenzó allí, cuando mates de por medio la pareja le contaba sus penurias a su amiga Gabriela Cepeda. Indignada por el relato, Gabriela decidió intempestivamente terciar en el conflicto y partió hacia la casa familiar de la adolescente, a sólo tres cuadras de distancia.

 

Allí se trenzó en una discusión con Silvia, que estaba tomando mate en la vereda con su marido y sus dos hijos menores. La disputa fue subiendo de tono y hasta hubo “un par de manotazos”. Mientras tanto, en la sede de la asociación civil Pepa y su novia comenzaban a preocuparse por la demora de Gabriela.

 

Según consta en el expediente, eran casi las 19,30 cuando Pepa acudió sola a ver qué pasaba y al presenciar la pelea quiso retirar a su amiga, pero se produjo una nueva escaramuza, esta vez entre Silvia y Pepa y con Gabriela intentando separarlas. En ese momento, Torres -quien no había participado de la discusión ni los forcejeos- entró a la casa y salió con una escopeta calibre 16, caminó hacia donde estaba Pepa y “sin mediar palabras le apuntó…”. Y disparó a quemarropa.

 

La perdigonada dio de lleno en el hombro derecho de la joven, que alcanzó a caminar unos pasos antes de perder el conocimiento y quedar tirada en el lugar durante más de una hora. Su madre tuvo tiempo de llegar y abrazarla, hasta que por fin la ambulancia se animó a ingresar al barrio.

 

Domingo 7 de marzo de 2010. Los médicos del Hospital de Urgencias no pudieron frenar la hemorragia, provocada por la “lesión de la arteria y vena subclavias derechas”, y Natalia Gaitán murió a las 2 de la mañana. Su victimario había intentado esconder el arma y huir, pero se terminó entregando a la policía.

 

De entrada, ante los primeros periodistas que se interesaron en el caso, Graciela Vásquez definió así el crimen de su hija: “La mataron como a un perro. La fusilaron por lesbiana”.

 

Y de entrada supo también quién la iba a acompañar en la búsqueda de justicia. Al día siguiente, un grupo de militantes de Encuentro por la Diversidad acudió al velorio de Natalia, entre ellos, la joven abogada Natalia Milisenda. “Yo no busqué el caso. Pero ahí Graciela me agarró y me dijo: ‘Vení… Quiero que la conozcas a Nati, para que sepas a quién vas a defender’. Y me llevó y me hizo ver la foto de Nati que tenía sobre el cajón. Fue muy fuerte, y para mí hoy es un orgullo y un gran desafío”, relata Milisenda, quien representa a la madre de la víctima.

 

“Nati no es la primera chica que muere por ser lesbiana. Estos crímenes pasan cotidianamente y van desde microviolencias hasta la muerte -explica la letrada-. No sólo las lesbianas, también los gays; y las personas travestis y transexuales son las que más sufren esta violencia. Pero el caso de Nati se diferencia de otros en que la familia no oculta la razón del crimen. Es la misma familia la que sale a decir que la razón fue su orientación sexual. Por vergüenza y por prejuicio muchos de estos crímenes quedan como un crimen más, y no lo son. Acá es gracias a la familia de Nati que esto se puede ver como se está viendo”.

 

Jueves 24 de junio de 2010. La manifestación por el matrimonio igualitario transcurría en Córdoba en un clima festivo. Salvo en un momento del acto en que la multitud se sumió durante varios minutos en un profundo silencio que se quebró con una ovación.

 

Durante ese lapso, desde el palco, Graciela Vásquez decía -más bien clamaba desde sus entrañas- palabras como estas: “Yo a mi hija la entendí y cada día la entiendo más. (…) Hoy vivo el sufrimiento de que a mi hija me la mataron como un perro, porque el padrastro de la pareja de mi hija no la aceptaba. Se dio el gusto de matar una lesbiana, pero no se va a dar el gusto de salir porque merece castigo (…) Señores senadores, en nombre de mi hija les pido la mejor justicia que me van a hacer: quiero que (voten esa ley y) todos los que están acá, los palomos y las palomas, vuelen de una vez por todas. Muchas gracias”.

 

Muchos de quienes llenaban la Plaza de la Intendencia se enteraron así de un caso que se transformaría en una bandera contra la discriminación y la violencia lesbofóbica. Por esos días, la Multisectorial Justicia por Natalia Gaitán participó de la sentada frente al Arzobispado y la avenida General Paz fue rebautizada con el nombre de la joven.

 

Mientras tanto. A pesar de algunos medios hegemónicos que “invisibilizan que Natalia era lesbiana” y así “legitiman los crímenes de odio”, la frase “fusilada por lesbiana” se instaló desde el primer día como consigna de lucha del movimiento LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y trans).

 

Por ejemplo, en Mujeres a bordo, blog de la Red informativa de Mujeres de Argentina, puede leerse: “Ni la prohibición, ni los tabúes pudieron con el deseo de Natalia. Con su deseo que desobedeció el mandato heterosexual. Con su cuerpo que ni la injuria ni la discriminación cotidiana pudieron controlar. Con su vida erótico-afectiva que los procedimientos sutiles y silenciosos de las instituciones no pudieron rectificar. Por lesbiana. Natalia Gaitán, pobre, de 27 años, residente en la ciudad de Córdoba, recibió un balazo de la fálica escopeta del padrastro de su novia el sábado 6 de marzo. Fusilada. Fusilado el cuerpo, fusilado el deseo, fusilado el impulso vital. Fusilada por lesbiana”.

 

Pero la búsqueda de culpables no se limitaba al autor material del crimen y se dirigía también hacia la institución que consideraban inspiradora: “La Iglesia apunta, la lesbofobia dispara”.

 

Así crecía el reclamo de justicia, acompañado por numerosas organizaciones representativas de las minorías sexuales, feministas, de derechos humanos, legisladoras -como Cecilia Merchán, Carmen Nebreda, Silvia Storni y Liliana Olivero- y el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI).

 

Al cumplirse un año del homicidio, centenares de personas convocadas por Devenir Diverse y Encuentro por la Diversidad marcharon por barrio Parque Liceo y el Centro, protestaron frente a los diarios La Voz del Interior y La Mañana y realizaron otra sentada frente al Arzobispado. A su vez, el Concejo Deliberante sancionó por unanimidad una ordenanza para declarar al 7 de marzo Día Municipal de la Lucha contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género.

 

Hoy. Además de su familia, este conjunto de actores sociales y políticos estará sentado en el lugar de la víctima, cuando comience un juicio que será mucho más que la investigación de un crimen y el cálculo de la correspondiente pena.

 

Consultada por El Sur, la fiscal María Inés Ferreyra confirmó que el proceso será público y abierto a la prensa, pero evitó cualquier referencia al trasfondo social del caso.

 

-En la evaluación del aspecto subjetivo del homicidio, ¿puede influir el factor discriminatorio hacia la víctima?

 

-Este es un juicio igual que cualquier otro, que tiene todo el respeto a las garantías y al debido proceso. Las cuestiones de elección de identidad sexual están ajenas al ánimo de este juicio, y cualquier otro elemento probatorio va a surgir de la investigación y del propio proceso.

 

Actualmente, la “Ley Antidiscriminatoria” 23.592 sólo considera agravante de cualquier delito el que esté motivado “por persecución u odio a una raza, religión o nacionalidad”. Previo a las elecciones legislativas del 28 de junio de 2009, la Federación Argentina LGBT presentó un cuestionario a los candidatos. Todos los partidos respondieron “sí” a la pregunta “¿Está usted de acuerdo con que la Ley de penalización de actos discriminatorios (Ley 23.592) incorpore la orientación sexual y la identidad de género como pretextos discriminatorios?”. Pero luego el proyecto de la Federación, aprobado en Diputados, quedó frenado en el Senado. Por lo tanto, el componente lesbofóbico no gravitará en la sentencia por el homicidio de Natalia, ocurrido durante este debate.

 

No obstante, para Milisenda, el acusado tampoco debe estar solo en el banquillo de los acusados: “La orientación sexual de Nati fue la causa del crimen y queremos visibilizar eso. Es un caso importante y una oportunidad de sensibilizar a la sociedad de que hay todo un sistema social que a Torres le hizo más fácil dispararle a Nati”.

 

Después. En términos similares, su madre arroja otra pregunta: “¿Quién mató a Natalia Gaitán? La sociedad. Él (Torres) es un tipo discriminatorio, que no acepta gays, ni lesbianas, ni travestis, porque les tiene odio, y mis hijos han sido testigos de que a su hermana ya la quería matar. Pero yo quiero que se aplique la ley para que no haya más Natalias Gaitán asesinadas. Vale la pena, porque esto es una pulseada de todos y todas y de a poco la vamos a ir ganando”.

 

Es la condición para poder por fin “hacer el duelo” y poder mirar al futuro. Por eso, Graciela dirige su incómodo mensaje las familias: “Papá, mamá, quereme y aceptame como soy y como vine al mundo. Protegeme, entendeme y no me abandones, porque te necesito para crecer. Ya demasiado la sociedad te discrimina y que se sumen los propios que te han parido, es demasiado. Tiene que ver con el acto de la vida, de tener hijos. Por eso esta madre, que es una jetona, tiene el orgullo de haber tenido una hija lesbiana”.

 

Fuente: ArgenPress.info - ALEXIS OLIVA- (El Sur - Prensa Red) - 14/07/11 -

Etiquetado en lesbianismo

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