Argentina: Mendoza: En casi 3 mil hogares cocinan con leña.

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

El dato surge en base al último Censo Nacional de Población, que entre otros indicadores consultó acerca del combustible utilizado por las familias mendocinas para preparar la comida. Las carencias de vivienda, una problemática directamente ligada a esta realidad.

 

Ni garrafa, ni gas natural, ni cocina u hornallas que encienden con sólo acercar un fósforo. Lejos de contar con un servicio tan básico como éste, aún más de dos mil familias mendocinas preparan la comida que llevarán a sus mesas con leña, carbón y ladrillos calentados con electricidad.

Esta realidad quedó demostrada en el Censo Nacional de Población 2010, que entre las preguntas efectuadas para conocer la situación social y económica de cada hogar incluyó el combustible utilizado para cocinar.

Así, de un total de 494.841, la consulta por los diferentes barrios de la provincia arrojó que en 1.495 casas se valen de gas a granel (con Zeppelin), en tanto que 159 mil hogares utilizan gas envasado (en tubo y garrafa).

Las estadísticas, además reflejan que 794 familias preparan sus almuerzos y cenas con electricidad, en tanto que para otras 2.699 la situación es más compleja, ya que deben hacer fuego para poder alimentarse. Vale aclarar que los grupos mencionados están fuera de la red de gas, un servicio básico con el que cuentan los cerca de 329 mil hogares restantes.

Junto a otros indicadores, como el material con el cual está construida cada vivienda de la provincia o la procedencia del agua que consumen los integrantes de cada hogar, la forma en que los mendocinos se abastecen de combustible para llevar la comida a sus mesas es considerado como un elemento directamente ligado a las condiciones de vida de la población.

De hecho, justamente los padres y madres con menores recursos son quienes más sufren este tipo de privaciones.

La dificultad del día a día

Alejandra Arias (44) se levanta todos los días a las seis de la mañana pensando cómo se las ingeniará para subsistir.

Es que su desafío es doblemente difícil: además de tener que hacer rendir el dinero para alimentar a ocho personas (cuatro adultos y cuatro niños) la mujer no tiene la posibilidad de cocinar con gas. "La garrafa es algo inalcanzable para nosotros. Ni siquiera podemos comprar el envase, que es carísimo", lamenta.

En la casa de Alejandra, el piso es de tierra, las paredes y los techos de chapa y palos y las ventanas están cubiertas con nylon. Hace casi tres años, ella junto a su familia tuvo que dejar la casa que estaban alquilando y no les quedó otro remedio que buscar un lugar en el interior del ex ferrocarril Belgrano (Guaymallén).

Según cuenta, todo se volvió más complejo para ellos cuando Jorge, su esposo, sufrió una trombosis que le impidió continuar trabajando en la construcción.

En el rostro de Alejandra se nota que el sacrificio ya se le volvió cotidiano, pero ella decide hacerle frente a los problemas para que a sus hijos y nietos no les falte el pan.

Cada mañana, ella se las arregla para amasar las tortitas que, luego de cocinarlas en un horno de barro, sale a vender por la barriada. Y cuando la jornada es un poco menos ajustada, compra los ingredientes necesarios para hacer empanadas caseras.

Jorge, por su parte, lleva el dinero que recolecta de las changas que realiza, aunque su salud no esté del todo bien. "Los chicos comen y van a la escuela. Esa para nosotros es la prioridad", explica la mujer, mientras ordena las ramas de árboles secas que al caer la noche transformará en brasas.

Por lo general, el dinero que juntan entre todos por día no alcanza a superar los 25 pesos, pero Alejandra hace todo lo posible por hacerlos rendir. "Preparo sopas, guisos, tallarines. Todas comidas que alimenten y a la vez alcanzan para todos", asegura.

Sin embargo, a veces el día a día se les vuelve más dificultoso. Por eso, para ellos la ayuda que reciben de Cáritas así como del comedor comunitario Emanuel Escudero, ubicado en el mismo departamento, es muy importante.

En el sector del asentamiento donde vive esta familia, también hay muchas otras que comparten las mismas necesidades. Les falta agua, luz y cloacas. Los inviernos aún se les vuelven más crudos.

De hecho, en julio pasado, la pobreza les mostró su peor cara, cuando tres casas -incluida la de Alejandra- quedaron totalmente destruidas a raíz de un incendio que se produjo porque "al parecer un vecino no había apagado bien el fuego que usaba para calentarse y cocinar". Por este accidente, incluso, un hombre debió ser internado de urgencia en el Hospital Central. "Fue muy difícil empezar de cero", recuerda la mujer. 

 

Fuente: Diario Los Andes - Mendoza - Argentina - ZULEMA USACH - 04/10/11 -

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