El Feminisno no pasa por nimiedades. . . . ¡aunque tantas cosas se hagan en tu nombre!

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

Pocas cosas más interesantes que el camino emprendido por las mujeres en estas sociedades donde el esquema patriarcal fue dominante y donde las mujeres fuimos históricamente víctimas de teorías preestablecidas que nos dejaban muy mal paradas.
 

Comenzamos a andar aunque falta mucho, no es ni será fácil romper con los viejos bosquejos, la tarea necesita del esfuerzo y la comprensión de los dos actores sociales: hombre y mujer. Pero si hay algo de lo que tenemos que estar seguros y seguras, es que el feminismo no puede pasar por nimiedades que producen que a veces centremos los discursos en cuestiones que minimizan el rol central de nuestro proyecto emancipador.


Esas nimiedades irrumpen en el escenario cuando queremos reemplazar palabras que poco tiene que ver con el concepto de fondo de la diatriba feminista.

 


Se que esta sensación personal compartida con los compañeros y compañeras de sueños y proyectos, puede causar molestia a muchas que creyeron que se es feminista por intentar cambiar absolutamente todo, hasta el idioma.

 


Ser mujer, posicionarse como tal, abrirse paso entre la maleza de la intolerancia nos exige un arduo trabajo, tener la mente muy abierta, ser capaces de acceder a debates y plantarnos bien en nuestras posiciones, sin caer en el ridículo ya que sabemos que de ese lugar, una vez ingresadas, será imposible salir.

 


La irrupción de la mujer en espacios que le estuvieron vedados mucho tiempo atrás, produjo un quiebre de dogmas preestablecidos y también una serie de cosas que son realmente innecesarias. Hay palabras que están establecidas y no indican género, tampoco indican que seguir utilizándolas nos conviertan en machistas incurables sino todo lo contrario, nos ubica en el sentido de la ubicación.

 


Es pésimo el machismo, no nos cansamos de decirlo, pero hay que tener en cuenta que muchas feministas mantienen ese machismo aunque crean lo contrario, o sea, aunque supongan que están rompiendo con ese estigma.

 


La violencia estatal, la violencia doméstica, la violencia de todo tipo abarca a ambos géneros, por supuesto mucho más a la mujer, pero a esos casos considerados aislados que también existen y se pretende invisibilizar no debemos bajo ningún concepto omitirlos, excluiros a ellos de su papel de víctimas indudables cuando lo son. El hambre (o la hambra…), la miseria, la persecución, la agresión, nos pega fuerte a quienes tienen pene y a quienes tenemos vagina, no discrimina género, color ni condición sexual.

 


Es espantoso el feminicidio, tanto como el homicidio. El maltrato hacia el hombre tanto como el maltrato hacia la mujer. No conozco la balanza que pese cuantos gramos más de dolor siente una mujer que un hombre cuando los torturan.

 


Muchas compañeras están haciendo un trabajo magnífico reclamando el lugar que nos corresponde en estas sociedades, digno de acompañar y celebrar, acompañé, acompaño y acompañaré este trabajo. Lo que sinceramente no puedo es asociarme cuando se redunda en pequeñeces que le quitan fuerzas al verdadero sentido de las luchas femeninas.

 


Por ejemplo, últimamente se van reemplazando palabras sin tener en cuenta que otras se dejaron como están y a nadie le molestan. Si pretendemos hilar tan finito como se viene haciendo, muchas se horrorizarán cuando por ejemplo destaque –según mi propia percepción- que cuando decimos amor ponemos adelante el artículo “el” y a nadie se le ocurrirá decir que sólo es cosa de hombres. Mucho menos cambiarlo por “la amora”

 


Cuando decimos “muerte” va precedida de “la” y no diríamos que somos nosotras las que la generamos. Y así hay cientos de palabras que entran en esta comparación: la injusticia, la justicia, el dolor, la tristeza, la alegría, el gozo.

 


Todas nos abarcan a NOSOTROS y a NOSOTRAS (ahora también hay que aclarar por las…)

 


Cuando llegaron meritoriamente al poder algunas compañeras mujeres, se cambió presidente de tal país, por presidenta,como para marcar bien la diferencia. Estuvo perfecto, vale por qué no, aunque no se si vale tanto cuando la innovación pretende generar posicionamiento ¿tendríamos que decir las feministas que la presidenta fue una estudianta ardienta, que se compromete con la genta por ser excelente dirigenta, que es aceptadamenta acompañada y que gobierna admirablementa? No, simplemente nos quedamos con la presidenta que es la forma en que debe mencionarse porque representa el participio activo del verbo ser: ellas presiden, son presidentes. Esto no convertiría a nadie en machista y seguiríamos hablando de excelentes profesionales.

 


No escuché a ninguna quejarse cuando se habla de un pianista, o un psiquiatra, un personaje, un comandante, sean hombre o mujeres.

 


Luego cuando se habla de los y las miembros de determinado espacio, últimamente se cambió por miembra. No puedo entenderlo, estimo que decir que una compañera es miembro de una agrupación no implica mantenerla sometida. Es miembro ¿y qué?

 


No hay diferenciación genérica en algunos términos, son como son a menos que tengamos la pretensión de cambiar también el lenguaje en nombre del feminismo.

 


He visto la formación de espacios feministas que comenzaron una tarea impecable (¿o debo decir impecabla?) valiosa y necesaria, especialmente por el lugar donde comenzaron a aglutinarse para abrir los ojos de las mujeres aún atadas a principios arcaicos.

 


Asistí a las exequias de esos espacios por una simple torpeza, su arenga se centraba en tres sentidos que causaban asombro partiendo de un espacio feminista, nada menos. Las compañeras con excelente voluntad pero errando la concepción, cantaban en las manifestaciones: Somos PUTAS, lesbianas y abortistas. Y su estandarte eran bombachas rosas dejadas en la puerta de alguna iglesia o institución oficial, según ellas, como símbolo de liberación. Dicho subliminalmente: ¡¡¡la mujer debe quitarse los calzones para ser libres!!!! (La verdad yo me siento más libre sacándomelos cuando quiero…)

 


Sentí que era como si aceptaran el concepto que alguna mujer nació para puta, o como si tener que hacerse un aborto fuera lo que da estatus de feminismo. He visto también muchas mujeres sufrir un desgarramiento físico y emocional por haber tenido que hacerlo. Ninguna lo hace porque quiere, sino que es impulsada por determinado factor pero de allí a celebrarlo con consignas me resulta algo por demás machista.

 


Muchas feministas se apartaron del espacio considerando que no podía ser esa la consigna central y otras que podrían haberse integrado no lo hicieron por el mismo motivo.

 


Ser puta o aprobar la ley del aborto no puede adquirir sentido festivo, de hecho las trabajadoras sexuales no están a gusto ejerciendo esa profesión, la sociedad machista, patriarcal y hoy obsoleta fue la que las empujó a ello. ¿Qué hacemos ahora, nos enorgullecemos de ser esclavas sexuales desde nuestros espacios reivindicatorios de la mujer? El espacio murió asesinado desde adentro, las mujeres más pobres volvieron al hogar donde sus esposos las maltrataban, nadie pudo guiarlas. Ese fue el resultado de la imprudencia por desconocimiento de la teoría hermosa del feminismo.

 


Creo que urge un replanteo a fondo de la concepción del verdadero feminismo (notemos que feminismo también sería masculino y no nos espantamos…) analizar qué es lo que decimos y como lo decimos, cuando levantamos esas banderas, hecho que debe ser impostergable pero que exige, además, mucha conciencia, mucha claridad e ir al fondo real de los problemas dejando las nimiedades que al fin son las que pueden terminar ahogando el proyecto que es invalorable.

 


Utilicemos el idioma para dejar sentadas nuestras ideas, nuestros legados heredados de mujeres que se animaron a ser consideradas diferentes y que dieron su vida por la continuidad de ese proyecto emancipador.

 


Hay muchos compañeros dispuestos a ayudarnos, junto a ellos podremos alcanzar lo que anhelamos, codo a codo, tomemos el ejemplo de la vida que nos enseña que todo es mucho mejor cuando lo hacemos entre dos: hombre-mujer, hombre-hombre, mujer-mujer. Seamos capaces de ir al grano de la cuestión, nada pasa por ser llamadas presidente (versión lingüística original) o presidenta (versión “pseudo-feminista”) y por si alguien lo olvidó recordemos que las presidentas hoy siguen teniendo edecán (mujeres) hasta que alguien se rescate del error y comience a llamarlas edecanas porque allí sí, corresponde el cambio…

 

 

A todas y a todos mi fuerta abraza… y a luchar en serio que hay mucho por hacer y la tarea debe ser profunda y seria, tanto como las circunstancias exigen.

 

Fuente: Argenpress.info - INGRID STORGEN (especial para Argenpress) - 05/12/11 -

Etiquetado en FEMINISMO

Comentar este post