Honduras: Doblemente prisioneras.

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

La cada vez mayor desigualdad de oportunidades e ingresos imperante en Honduras debe ser motivo de preocupación tanto para gobernantes como gobernados.

 Los angustiantes, desgarradores y conmovedores reportajes sobre nuestras compatriotas -adultas y menores- capturadas en las cárceles de la prostitución y la drogadicción, inducidas por las redes delictivas dedicadas al tráfico de seres humanos con el propósito de reducirlas a la degradación, servidumbre y virtual esclavitud, sea mediante su compraventa, pornografía, trata de blancas, tráfico, uso de estupefacientes o sicariato, en flagrante violación de sus derechos humanos básicos y de las convenciones internacionales que buscan detener tan infamante explotación, deben servir, cuando menos, para un doble propósito: gestionar la repatriación, reinserción y rehabilitación de las víctimas, y advertir a quienes -desesperados por su condición económica- no conciben más alternativa que abandonar su país sin contar con la necesaria documentación legal, en búsqueda de oportunidades laborales en tierras extranjeras, sin percatarse de los peligros de todo tipo inherentes en ese cada vez más peligroso periplo –en ocasiones sin retorno-, que tampoco garantiza una mejora en su situación social y material.

Tanto el Estado como la sociedad en su conjunto tienen la obligación jurídica, así como la responsabilidad ética, de velar por la protección de sus semejantes, particularmente de aquellos históricamente excluidos y marginados, sea por consideraciones de género, etnia o estatus, no olvidando que nuestra Constitución política en su artículo 59 declara: “La persona humana es el fin supremo de la sociedad y del Estado. Todos tienen la obligación de respetarla y protegerla. La dignidad del ser humano es inviolable…”, en tanto el 60 establece: “Todos los hombres nacen libres e iguales en derechos…”.

La cada vez mayor desigualdad de oportunidades e ingresos imperante en Honduras debe ser motivo de preocupación tanto para gobernantes como gobernados.

Esta realidad contribuye decisivamente a que diariamente ocurra un éxodo de hondureños de ambos sexos, una pérdida temporal o definitiva de recurso humano, que migra de lo conocido a lo desconocido, de la certidumbre a la incertidumbre, de lo propio hacia lo ajeno, frecuentemente con resultados trágicos para los migrantes y sus familiares.

Generación masiva de empleo, campañas de alfabetización y educación técnica-vocacional, seguridad de las personas, integración familiar y protección jurídica a las personas de escasos recursos son medidas fundamentales para evitar esa sangría masiva de hondureños, principalmente jóvenes.

Publicado por: -elheraldo.com - 08/09/12 -

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