Kirguistán: Llamamiento para poner final al secuestro de novias.

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

*Los nombres de las víctimas han sido cambiados para proteger su identidad *

 

 
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En 2009, cuando regresaba de la universidad a casa, Vulkan fue secuestrada por un hombre que la pretendía como esposa y que la encerró en su casa. La joven trató de escapar, pero una mujer de la familia del “novio” le dijo que una maldición caería sobre ella si se atrevía a hacerlo. Vulkan vive actualmente como esposa de su secuestrador, tras haber sido obligada a abandonar sus estudios y cualquier expectativa de trabajo, pero no va a permitir que los hijos que pueda tener secuestren jamás a una chica para casarse.

 

Se calcula que en Kirguistán cada año entre 11.500 y 16.500 mujeres son secuestradas con este propósito. La ONG Public Foundation Open Line realizó un estudio sobre este tema en 2010 y concluyó que más del 50% de las 268 mujeres entrevistadas nunca habían visto a su secuestrador antes del rapto, y que el 81% de los secuestros terminaban en matrimonio. El 74,2% de las entrevistadas declararon haber recibido presiones, incluidas amenazas y violencia, por parte del secuestrador y su familia para no escapar. El 23% de las mujeres afirmaron haber sido violadas antes de contraer matrimonio. Una de las mujeres dijo que quiso denunciar el rapto a la policía después de escapar, pero fue secuestrada de nuevo y violada antes de aceptar finalmente casarse.

Desde el punto de vista cultural, el estigma asociado a una mujer no casada que pasa una noche con un hombre (sea o no una violación) es demasiado grande para las víctimas del secuestro y sus padres, por lo que muchas aceptan el matrimonio como mal menor. A Ainura, secuestrada en 2010, su madre le dijo que debía quedarse con ese hombre para no deshonrar a su familia y a ella misma. Algunos padres aceptan dinero y regalos del secuestrador a cambio de la promesa de no ir a la policía. Para algunas víctimas es demasiado duro soportar el secuestro y el posterior matrimonio: en 2010, dos jóvenes se suicidaron en la provincia de Issyk-Kul tras haber sido raptadas y obligadas a casarse.

 

El esposo de Aziza la secuestró tres veces antes de lograr su propósito. Solía violarla y golpearla, y no le dejaba abandonar la casa ni ver a su familia. Cuando estaba ya dispuesta a quitarse la vida, Aziza logró escapar. Sin embargo, por desgracia su marido la encontró y le agredió en público, dejándola desnuda en la calle y amenazándola con venderla como una esclava. Actualmente Aziza vive con su madre y su hermano.

El secuestro de novias es una forma de violencia contra las mujeres. Es una violación del derecho de la mujer a la integridad física, la libertad de circulación y la no violencia. Esta práctica deriva en un matrimonio forzado y muchas veces en violaciones, situaciones de servidumbre y negación de la oportunidad de estudiar y trabajar.

El artículo 13 (4) de la Constitución de Kirguistán garantiza la igualdad de derechos y libertades entre hombres y mujeres, así como la igualdad de oportunidades para su realización. Además, obligar a una mujer a casarse o secuestrarla para que contraiga matrimonio contra su voluntad es un acto delictivo según el Código Penal de este país. Estos hechos están castigados con un máximo de cinco años de prisión. Sin embargo, las instituciones y personas relacionadas con la justicia penal, como la policía, los fiscales y los jueces, suelen considerar el rapto de la novia como una tradición culturalmente protegida y se niegan a hacer cumplir la ley. Los defensores de los derechos de la mujer han comprobado que cuando se interpone una denuncia en la policía, los funcionarios encargados de la investigación suelen abortar o demorar el proceso para asegurarse de que el caso no llegue a los tribunales. Las víctimas relatan que los investigadores suelen aceptar sobornos de los acusados para que las presionen y convenzan de retirar la denuncia. Las presiones sociales y las amenazas del secuestrador y su familia hacen también que las víctimas tengan miedo de denunciar el secuestro. No existen programas del gobierno para divulgar la ley o para ofrecer asesoramiento legal a las mujeres afectadas. Esto resulta especialmente importante en las zonas rurales, donde se producen la mayoría de los secuestros y donde son muy pocas las mujeres que conocen o tienen acceso a sus derechos.


Kirguistán ratificó la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) en 1997, y en su artículo 5(a) se insta a los Estados partes a “modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres”. En su recomendación general nº 19 sobre la violencia contra las mujeres, el Comité CEDAW, que supervisa el cumplimiento de los gobiernos con respecto a la Convención, mencionó específicamente el matrimonio forzado y la violación: “El efecto de dicha violencia sobre la integridad física y mental de las mujeres es privarles del goce efectivo, el ejercicio y aun el conocimiento de sus derechos humanos y libertades fundamentales”. En el informe de Kirguistán de 2008, el Comité CEDAW mostró su profunda preocupación “por la continuación del rapto de novias, a pesar de que está prohibido por la ley”, y observa que “también le preocupa que esta práctica traiga como resultado el matrimonio forzado, en contravención del artículo 16 de la Convención”.

En virtud del artículo 23 del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (ICCPR, por sus siglas en inglés), del que también es parte Kirguistán, “el matrimonio no podrá celebrarse sin el libre y pleno consentimiento de los contrayentes”. El Comité de Derechos Humanos, en su observación general nº 28 relativa a la igualdad de derechos entre hombre y mujeres, identificaba el derecho de la mujer a contraer matrimonio en virtud de su libre y pleno consentimiento como uno de los elementos del derecho de igualdad.

 

Fuente: EQUALITY NOW - (Nueva York - Nairobi - Londres) - 07/11/11 -

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