La Violencia Invisible.

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

La Trampa
Acerca de la violencia invisible

 por Liliana Mizrahi

 

 

La violencia invisible, sutil, larvada es con mucha frecuencia ejercida con las mujeres como agresión cotidiana, doméstica. Yo la pienso como una trampa, la trampa. Hablamos de una de las formas que asume la violencia de género, donde la inteligencia, la percepción, la conciencia es obnubilada de diferentes formas.

 

 

Puede tomar la forma externa de una comunicación no-verbal, o bien comunicación verbal indirecta. Se ejerce a través de la mirada, los silencios, los suspiros, gestos, la cara de culo, la ausencia de respuestas a las demandas femeninas, el malotrato silencioso, sin golpes, sin gritos, sin palabras.

 

Acciones que generan malestar en la otra y que la inducen a errores y confusiones, que son resultantes de conductas inducidas por el otro/a. La inducción de la violencia no es tan sencilla de re conocer.

 

 

Testimonios:

 

 

“Jamás olvidaré las miradas duras de mi madre, mirada con la cual lograba “disciplinarme”, llenarme de miedo y ejercer control sobre mis conductas, de ahí debo haber quedado sensible a las miradas, mi marido también tiene una mirada fuerte que me hace temer que me abandone o me sancione”. 

 

 

“Las críticas de mi marido son incesantes, es hipercrítico, es casi la única forma de comunicación conmigo. Es devastador. Confieso que por momentos pienso en suicidarme, desaparecer, huir.

 

Tengo miedo, lo sé y me genera grandes incertidumbres y dudas acerca de nuestra relación, acerca de si me ama o no. Creo que tantas, tantas críticas me llevan a equivocarme más y padecer su intolerancia hacia mis errores.”

 

 

La invisibilidad del acoso psicológico impide que la agredida pueda reaccionar con coherencia, queda descalificada y humillada, porque en ese mismo acoso se generan malentendidos, se desacredita cualquier argumento para defenderse.

 

Muchas veces, en la práctica clínica, observo que el pensamiento de la mujer se detiene. La mujer se bloquea y actúa de manera condicionada, usando respuestas automáticas que ya conoce y no puede, ni sabe, ni se le ocurre, cómo implementar otras respuestas más creativas y preservadoras de ella misma.

 

 

Estoy hablando de una trampa invisible, que se constituye en la dinámica del vínculo, todos los días, en cualquier lugar y en cualquier ocasión. Sin aviso, la mujer puede caer en esa trampa en cualquier momento inesperado, hasta para ella misma.

 

En esa trampa, es fácil caer y difícil salir. Es una trampa difícil de reconocer, identificar y sustraerse de ella.

 

 

La Trampa, se hace visible a través de los síntomas con los que el cuerpo comienza a tener. Síntomas de que “algo está pasando”: insomnio, dolores de cabeza cada vez más intensos, dolor de estómago, sensaciones de depresión, apatía, desgano.

 

Se trata de una experiencia realmente destructora, sin embargo, y con frecuencia, su destructividad es minimizada, o banalizada o descalificada por su propia invisibilidad.

 

Los síntomas del cuerpo, se leen como algo que viene de otra realidad, y no tiene nada que ver con lo que la mujer, inútilmente, intenta denunciar.

 

El vínculo hostil se ha naturalizado, se vive a diario como natural y la mujer auto-referencia lo que le pasa: “debo ser yo…”.

 

 

“Durante años deseé matar a mi hermana, toda la infancia, quería salirme de ella y su capacidad de manipuleo para humillarme, burlarse y silenciar lo que me hacía. Mi madre consideraba que yo era exagerada y que en realidad no pasaba nada de lo que yo decía. No era así. ¡Sos una exagerada! ¿qué te hizo? me decía.”

 

 

Todavía me sorprende la capacidad de negar la violencia, la crueldad, el sadismo, la perversión de alguien muy destructor, larvado destructor, que a la vez puede ser simpático, seductor, amable y hasta generoso. Por alguna razón, (habría que pensarlo), la “cuestión depredadora” no se ve, no se identifica, salvo por los resultados. Sí se siente.

 

 

“La mujer de uno de mis mejores amigos, es alcohólica en carrera, y cuando ya ha bebido bastante, comienza a ejercer una agresión fuerte, a través del sarcasmo y la ironía. Si se le dice algo, contesta que está hablando en broma y que no tenemos sentido del humor y mi malestar va en aumento, no puedo salirme yo creo que voy a encontrar alguna puerta.”

 

 

“Mi padre se obstinaba en hacerme hacer tareas inútiles y degradantes, me excluía de la toma de decisiones, silenciaba los asuntos del negocio, de los cuales yo podría aprender algo, sin embargo me excluía de aquellas situaciones en las que verdaderamente podría crecer. ¿Porqué? le pregunté una vez, “No es cosa de mujeres”. Qué paradoja. Me llevó mucha terapia, años para darme cuenta que mi propio padre, atacaba envidiosamente mi crecimiento. Me dí cuenta de esto en terapia, no hubiera podido sola y me liberé.”

 

 

Lo realmente grave, serio o severo de esta violencia invisible es que el agresor psicológico, invade al otro, allana su subjetividad, se mete en su psiquismo. Logra una intrusión activa que deteriora el territorio psíquico de la agredida.

 

 

“Es como si metiera la manota en mi cabeza y pierdo toda lucidez”

 

 

Se pierden límites morales, religiosos, cívicos. Se pierden los límites de cualquier orden.

 

La violencia debe continuar, el perverso, psicópata la necesita para vivir. Vive de la humillación del otro. Se trata del poder, el dominio, el control, la manipulación, los diferentes mecanismos de depredación, a través de los cuales se apropian de la vida del otro. La trampa es invisible, intangible, pero no es indolora.

 

 

Siguen apareciendo otros síntomas: inhibición intelectual, bloqueos y restricciones para pensar la realidad.

 

La autoestima es baja, muy baja. Esto aumenta la vulnerabilidad y facilita el dominio y el control. Las dificultades para autoafirmarse van en aumento. El sujeto en la trampa, es un ser vulnerable que además “no se da cuenta” de lo que está pasando, de lo que le hacen, es autoreferencial y cree que la culpa la tiene ella, y el victimario se lo confirma.

 

 

“Cuando yo estaba en la trampa, estaba atontada, parecía idiota, me costaba pensar, consulté por eso, me sentía deprimida, cansada y confusa. Empecé a enfermarme. Por eso fui a terapia, ahí fue la terapeuta que descubrió que estaba sometida a un maltrato que ni siquiera reconocía como tal. Mi familia me decía; él es como es y no lo vas a cambiar y no es un mal hombre, vos tenés que distraerte, sos vos que le das demasiada importancia a las cosas. ”

 

 

“La perversión es un arreglo defensivo contra la psicosis o la depresión profunda”.

 

M. France Hirigoyen.

 

 

Cuando el perverso, el manipulador, el controlador, se va quedando sin su víctima, puede ser que comience a deprimirse o esté más agresivo aún.

 

 

¿La perversión? Se trata de reconocer tácticas y estrategias que tengan como objeto degradar al otro/a, humillarlo y confundirlo, en un tono verbal que hace dudar, si la realidad que vivimos es o no es, y creemos vivir algo que no es como lo sentimos.

 

 

Faltas reiteradas de respeto, mentiras, omisiones, dobles mensajes, verbales, no verbales.

 

 

La confusión no es tonta, permite imponer la voluntad del perverso, sus creencias, sus actuaciones. La víctima del perverso, en general se paraliza, se atonta, se estupidiza, no entiende, razón por la cual también es degradada, excluída, controlada…

 

 

Una tarea que me parece fundamental es reconocer el dominio y cómo se establece, como se logra neutralizar la propia voluntad, como se debilita yoicamente al otro.

 

 

Identificar La Trampa y los pactos subyacentes entre víctima y victimario. La víctima contribuye a la continuidad de la trampa. Tácticas y estrategias que conducen y re conducen a la trampa perversa, por ejemplo: se proyecta en el otro la responsabilidad del problema.

 

 

“¿Yo qué te hago? Sos vos, que sos demasiado sensible, susceptible. Inventás cosas que no son. ¿no ves que sos una tarada? Decía mi hermana tranquilamente. Y yo con toda la culpa y el horror de ser la loca de la familia.”

 

 

Un modo de que la perversión sea efectiva es hacer que la otra pierda sus puntos de referencia, su pertenencia grupal, sus interlocutores o seres de confianza y también el control sobre sí misma.

 

 

La depredación psicólogica y emocional se apoya en la capacidad de “desmontar” el aparato psíquico, desestructurar al otro/a, debilitarlo y neutralizarlo. Esto se logra. No hay respeto, ni compasión. El perverso siente una verdadera alegría al hacer sufrir, se divierte, le gusta, dice que no hace lo que hace y, si lo hace, no es para tanto.

 

 

He tratado a muchas mujeres de esta patología, la trampa sádica, y he podido ayudarlas por su propio compromiso con la terapia y con la realidad. Es una tarea que lleva tiempo, pero los resultados son maravillosos. Salir de la trampa, es deslumbrante. La libertad es siempre deslumbrante.

 

 

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