Más que una mano. (Mujeres en la cárcel de Ezeiza).

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

La asociación Yo no Fui realiza talleres artísticos y productivos en la cárcel de Ezeiza y con las mujeres que salen en libertad. La banda Las Pastillas del Abuelo convocó a las chicas para un trabajo conjunto y de ese lazo se realizó un documental que ahora se exhibe en el Malba.

 

Las manos de ellos rasguean la guitarra. Las manos de ellas tejen entre hilados. Las manos de la gente revolea remeras. Las manos de ellas imprimen estampas. Las manos se mixturan y se acoplan en un sonido que hilvana deseos y sopla un futuro que es toda una apuesta. “Estoy contenta que la gente de afuera vea que una hace algo más que dormir y esperar que el tiempo pase”, dice una presa con una cabellera rubia buscadamente rubia y aplomadamente rubia como si el pelo fuera también una señal necesaria del paso del tiempo y el tiempo se resignificara al poder ser algo más que espera.

 

Las manos, la música, los tejidos, las estampas, la poesía y la pasión se ven reflejadas en el documental Tantas manos que, justamente, registra –con un entramado de imágenes que también teje su propia metáfora– la grabación del último disco de Las Pastillas del Abuelo y su trabajo con Yo no Fui, una asociación civil que realiza talleres artísticos y productivos en las cárceles de mujeres de Ezeiza y, afuera, con las mujeres que recuperan su libertad.

“El 80 por ciento de la gente que estuvo en la cárcel no tuvo sus necesidades básicas satisfechas”, se contextualiza en el documental cuál es el envión que empuja al encierro. Pero también se rescata la intención de Las Pastillas del Abuelo de hacer algo más que cantar la justa: bucear por los márgenes de la Justicia.

La banda convocó a esta asociación civil para que se encargara del arte de tapa y de la fabricación del disco Versiones. Por eso, las integrantes del taller de serigrafía de Yo no Fui imprimieron de manera artesanal cada una de las tapas del CD, que también incluye poemas escritos en el taller de poesía de la Unidad 31, inspirados en las canciones del grupo. “Escribir me sirvió para transformar lo que me hace mal”, sintetiza –sin derrochar una letra ni dejar de esperar el tiempo de una coma– una de las presas que participaron del proyecto.

Pero la escucha no fue sólo mecánica. El grupo tuvo que dejar paso a otras melodías de las acostumbradas. La musica estaba teñida –esta vez– por las sensaciones que dejan las rejas al final de un día sin final. La melancolía se abrió un espacio entre el tradicional power rockero y, entonces, Las Pastillas del Abuelo se animaron a arrimarse al tango. “Por supuesto que si D’Arienzo nos escucha nos manda a dormir afuera”, ironizó uno de los integrantes del grupo.

Pero el rasgado de tristeza se trenza otra vez con la furia de los cuerpos saltando juntos, de los cuerpos sin espacio porque el espacio es el salto y los y las jóvenes fanáticos saltan (en un recital en el estadio Malvinas Argentinas) en un pogo en donde tantas manos suben o giran junto a sus remeras en señal de fiesta o salida. En ese recital, que se muestra en el documental, suben las chicas de Yo no Fui y aplauden, todas aplauden, salvo la que necesita sus manos para hacer upa. “Encontré una grande familia para mí y para mi hijo”, dice en un castellano pronunciado a pura voluntad una de las chicas, una de las madres, paridas en la cárcel, sobre un proyecto que también teje, cose, estampa y da luz a pura voluntad, a puro pujo.

El documental puede verse los sábados (a las 20) y los domingos (a las 22) en el Malba y fue realizado por Diego Panich (editor de oficio y director de tres largometrajes), quien hizo todo el trabajo prácticamente solo, apenas con la ayuda de la colorista Laura Viviani y de su novia Claudia Prado, en tiempo record: desde agosto hasta octubre del 2010. Diego ya trabajaba con Yo no Fui filmándolas a ellas en su trabajo y llevando films a las cárceles. Por eso, no es una mirada foránea, sino desde adentro y para adelante. Con ese marco, la recaudación de las proyecciones (de 75 minutos) van a ser donadas para que se abran nuevos talleres artísticos y productivos dentro de los penales de Ezeiza. Pero además se les pide a los y las espectadoras/es que lleven alimentos no perecederos para las chicas que salen en libertad y necesitan un respaldo para encaminar una nueva vida.

Dar una mano. Tantas manos.



Fuente: Página12 - Suplemento Las12 - LUCIANA PEKER - 11/02/11

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