México: Niñez robada en el paraíso.

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

Como esclavos en pleno siglo XXI, miles de niños, mujeres e indígenas son víctimas de las redes de trata de personas. Detrás de la hermosa fachada de Cancún, Vallarta, Acapulco y Playa del Carmen, destinos turísticos que además de promover las bondades del mar venden sueños y sonrisas, un ejército de indocumentados, menores secuestrados, robados y maltratados, marchan con la mirada perdida ejerciendo la profesión más antigua del mundo. Son niños en la edad pero han perdido la niñez en la mirada. No saben de derechos ni de pagas; han sido enganchados para operar bajo las redes de la prostitución, el comercio sexual infantil, la mendicidad, el trabajo forzado y la explotación laboral.

La trata de personas se define como la captación, transporte, traslado, acogida o recepción de personas, para lo cual se recurre a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción: al rapto, al fraude o engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad, con fines de explotación o esclavismo. “En la esclavitud no entra la autoridad. Operan como feudos con esclavos que obedecen; hay unos en el norte, en el sur-sureste y otros en el centro de país. Además, la trata de personas tiene la dimensión de esclavitud personal porque, como las personas se convierten en una mercancía, las vacían de contenido humano para interiorizarles que no valen nada, que la única persona en la que pueden confiar es su tratante, la persona que las enamoró o secuestró. Luego llega la adicción y ya no podrán escapar”, explica Celina Izquierdo Sánchez, coordinadora del Observatorio de Violencia Social y de Género de la Universidad del Caribe.

 

LEYES Y ACCIONES DESCOORDINADAS

En el estudio “La trata de personas en el sector turístico”, asignado recientemente por la Secretaría de Turismo federal al Observatorio de Violencia, participaron 25 investigadores, expertos, criminólogos, psicólogos y personal de campo durante cinco meses en cada uno de los cuatro principales destinos vacacionales del país: Puerto Vallarta, Acapulco, Cancún y Playa del Carmen. La directora del proyecto, Marisol Vanegas, aclara de inmediato que el turismo no genera la trata de personas, aunque sí crea el espacio que permite, admite e incentiva que se desarrollen estas prácticas; en el caso de los turistas, la anomia, la ausencia de límites y contención, así como los patrones de valores diferentes, se suman a la conducción de autoridades laxas, ignorantes, corruptas y con excesivas cargas personales y laborales. Como prueba, relata que en México sólo existe una única mesa de delito sexual de la Procuraduría General de la República, y un marco legal desconocido o apenas en construcción. “En México, el país de leyes, acuerdos, tratados, códigos y procedimientos, se carece de una armonización legislativa sobre la trata de personas en los estados. Esto genera que las acciones concretas hacia la protección de las víctimas, persecución del delito y prevención estén descoordinadas y sean ineficientes”, anuncia el informe, en el que también se estima que el número de personas sujetas a trata de personas va desde las 50 mil hasta las 500 mil.

El estudio explica que los niños y las mujeres son las principales víctimas. Los consumidores son residentes o turistas amparados por la indulgencia de las leyes nacionales, y los hay de varios tipos: pederastas con deseos de poder y sometimiento de personas vulnerables; consumidores habituales y ocasionales que atienden la promoción de la oferta “fácil”. En tanto, los tratantes son personas con motivaciones relacionadas con el poder, tanto económico como físico o afectivo, sobre todo hacia menores de edad, a quienes consideran mercancías. Las formas de reclutamiento son el rapto, la presión de los padres, el arreglo entre padres y traficantes y la seducción o el matrimonio, detalla Vanegas.

 

“CIEGOS, SORDOS Y MUDOS”

Un turista que arriba a territorio nacional puede desembolsar desde cinco dólares por un servicio sexual. Muchos de los turistas “son adictos y tratan de conseguir la droga y estos tratos sexuales, pagándolos muy bien y abusando de su anonimato; lo consiguen con meseros, camaristas, botones, taxistas y cualquier otra persona de la región a la que le guste el dinero fácil. Los menores de edad se prostituyen por igual en calles, plazas, mercados, parques, estaciones de autobuses, hoteles, moteles, prostíbulos, pensiones, bares, cantinas, centros nocturnos, casas clandestinas, loncherías, cervecerías, restaurantes, casas de masaje, estéticas y agencias de modelaje y de acompañantes”, puede leerse en el informe. Se considera que actualmente la trata de personas es uno de los negocios más rentables del crimen organizado, después del tráfico de armas y de narcóticos.

Tan es así que la Organización Internacional para las Migraciones estima que, a nivel mundial, cada año aproximadamente un millón de hombres, mujeres, niños y niñas son engañados, vendidos, coaccionados o sometidos a condiciones semejantes a la esclavitud bajo distintas formas y en diversos sectores: construcción, maquila, agricultura, servicio doméstico, prostitución, pornografía, turismo sexual, matrimonios serviles, tráfico de órganos y venta de niños, entre otros. La Organización Internacional del Trabajo estima que existen alrededor de 12.3 millones de personas en trabajos forzados y explotación sexual.

Nuestro país es considerado destino de turismo sexual, especialmente destinos como Tijuana, Cancún y Acapulco. Para este último se reporta la situación más grave en cuanto a explotación sexual comercial de menores, aunque cada vez más la geografía va abandonando su importancia: la explotación sexual de menores a través de internet ocupa el tercer lugar como delito cibernético. En 2006 se registraron más de 100 mil sitios de explotación sexual de niños a través de la pornografía, y México ocupaba el segundo lugar mundial en esta actividad.

“¿Cuál es nuestra comprensión como mexicanos del fenómeno? Ciegos, sordos y mudos. Los habitantes asistimos unos de espectadores, casi convencidos de no poder hacer nada (ni siquiera se intenta, no hay denuncias), mientras otros son parte del sistema como cómplices por omisión, silencio o conveniencia”, lamenta Vanegas, investigadora de origen colombiano con más de 35 años en el sector turístico.

 

Fuente: MILENIO.com - ISELA SERRANO - México - 29/04/11

 

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