Perdidos y abandonados.

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

En la historia de la humanidad nunca antes hubo en el mundo tantos jóvenes como ahora, ni tampoco jamás tuvieron éstos un futuro tan aciago. 

 

La demografía de la mayoría de los países en desarrollo registra un “bulto juvenil” en el que la proporción de personas entre quince y veinticuatro años ha crecido con relación a las demás edades. Este año, ciento veintiún millones de adolescentes (casi noventa por ciento de ellos en países en desarrollo) cumplirán sus dieciséis años y la mayoría de ellos saldrá de sus casas a buscar trabajo… pero la mayor parte no lo encontrarán. Las energías y oportunidades que representa la abundancia de jóvenes choca con la curva descendente de la crisis mundial desatada en 2008. El desempleo ha crecido desde entonces a tal punto que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que sólo seis de cada diez personas en edad de trabajar tienen algún empleo actualmente… y las previsiones son negativas hasta 2016 por lo menos.

 

El “bulto juvenil” es el momento de mayor proporción de jóvenes en la historia demográfica de un país y se produce algunos años después de que comienza a descender la natalidad. En América Latina, Guatemala, Honduras, El Salvador, Bolivia, Paraguay y Nicaragua presentan el “bulto” en esta década, mientras que Brasil, Chile, Colombia, Perú y México tuvieron un máximo de jóvenes entre 1980 y 1990 y ahora tienen un “bulto” entre los adultos de menos de cuarenta años. En ciento veinticinco países, menos de la mitad de los jóvenes tiene algún empleo y en cincuenta, los jóvenes empleados son menos de tres de cada diez.

El desastroso choque entre las tendencias demográfica y económica preocupa a UNICEF, la agencia de las Naciones Unidas especializada en la infancia y la juventud, al punto que un estudio recién publicado pone a este tema a la cabeza de los que deberían preocupar a los gobernantes. La investigación de Isabel Ortiz y Matteh Cummins, de la División de Políticas y Prácticas de UNICEF, se titula, precisamente, “Cuando la crisis global y el bulto juvenil entran en colisión”. Este choque, una verdadera explosión de juventud sin empleo, provocará “inestabilidad política y social”, eternizará los sueldos bajos y “erosionará las inversiones ya realizadas por los países en educación y salud, limitará la recaudación de impuestos, contribuciones a la seguridad social y ahorros de los jóvenes, lo que limitará aun más la demanda y hará más difícil la recuperación”.

La respuesta inicial a la crisis global por parte de los gobiernos fue la de estimular la economía con exoneraciones de impuestos a las pequeñas y medias empresas, que son las que más empleo generan, más inversiones en infraestructura, expansión del gasto en servicios públicos y programas de asistencia social. Según la OIT, estas medidas evitaron al menos once millones de desempleados más.

 

Sin embargo, a partir de 2010 comenzó a prevalecer la preocupación por la deuda pública creciente y los déficit fiscales y los planes de estímulo fueron masivamente sustituidos por políticas de austeridad. Según el relevamiento de UNICEF, ciento treinta y tres países pobres, ricos y de ingresos medios (o sea tres cuartas partes de los casos estudiados) están implementando programas de austeridad en 2012. Cortes o topes salariales están en marcha en setenta y tres países y otros tantos están eliminando subsidios, incluyendo los que afectan a la comida y el combustible. Cincuenta y cinco países están recortando la protección social a los más pobres y cincuenta y dos planean limitar los beneficios jubilatorios o postergar la edad mínima de retiro.

Cada una de estas medidas afecta al empleo y, según UNICEF, representa “un desequilibrio enorme entre el tratamiento del trabajo y las finanzas”, ya que los afanes gubernamentales por servir la deuda (sobre todo con la banca privada) y eliminar el déficit fiscal relegan a un segundo lugar a la seguridad social y el empleo.

La austeridad y la creación de empleos son incompatibles y, a juicio de UNICEF, “la demora en recuperar el mercado de trabajo sólo logra exacerbar el costo humano de la crisis”. En los hogares pobres, “los ingresos escasos e irregulares están llevando al hambre y la desnutrición, peores condiciones de salud, disminución en los resultados educativos, trabajo infantil, niños sin supervisión e incluso niños abandonados y crecientes tasas de violencia doméstica”.

 

Éstas son condiciones que los expertos de las Naciones Unidas consideran “peligrosas” y “para la sociedad en general, las frustraciones del mercado de trabajo están catalizando disturbios civiles como no se veían desde hace décadas”.

Por primera vez en muchas generaciones, la mayoría de los padres del mundo no sabe si el futuro de sus hijos será mejor que el suyo y esta angustia socava las bases de los contratos sociales modernos. UNICEF recomienda “una estrategia de creación de empleo para reducir la pobreza y desarrollar el capital humano”, ya que “una recuperación basada en el empleo de los padres es vital para proteger y apoyar a los niños”. De lo contrario, el gran conflicto del siglo XXI no será el “choque de civilizaciones” sino el choque de generaciones.

 

Artículo publicado por: Red del Tercer Mundo - Roberto Bissio - 06/04/12 -

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