Uganda: La planificación familiar, sometida a la voluntad del hombre.

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

1321285182_0.jpgCada día mueren en Uganda 16 mujeres durante el parto, según datos del gobierno del país, lo que pone a esta nación africana en un nada envidiable tercer lugar mundial en el índice de mortalidad maternal. El gobierno del Presidente Yoweri Museveni parece dispuesto a poner fin a estas dramáticas estadísticas fomentando la planificación familiar. Pero los obstáculos para alcanzar esta meta son muchos y nada fáciles de solventar: la atención sanitaria en Uganda es precaria, el personal, escaso y la formación de los agentes de salud muy pobre. Pero ¿cómo impulsar la planificación familiar en el que hablar de planificación en el propio entorno familiar – y en especial de los métodos anticonceptivos – es casi un tabú?

Atardece y es la hora de mayor tráfico en Kampala, la capital de Uganda. La calle está repleta de hombres y mujeres que venden verduras, bananas, y mandioca. En el aire se percibe el olor que emana de las cocinas de carbón. Los taxis recogen a los pasajeros que deben ir a los distritos de las afueras de la ciudad. Distritos como la ciudad dormitorio de Kisaasi, donde viven Robert Sserunjogi y su esposa Janet Nalweiso. Robert Sserunjogi y Janet Nalweiso están sentados frente al televisor viendo las noticias de las ocho, mientras su único hijo, Eric, se entretiene con los juegos esparcidos sobre la alfombra.

Sserunjogi tiene 28 años y trabaja de ayudante de veterinario y su esposa, de 25 años, en una tienda. Llevan ocho años viviendo juntos. Se propusieron tener dos hijos. Pero antes de que llegue el segundo, se han concentrado en el crecimiento de Eric, que ahora tiene tres años. "Queremos dar a nuestro hijo la mejor educación, el mejor hogar y la mejor familia," dice Sserunjogi. "Cuando tienes muchos hijos, se te comen los recursos, no tienes tiempo de pensar las cosas bien." Su esposa añade que "apenas regresas del hospital, el otro ya empieza con los gastos escolares… y cuando te quedas sin dinero, la casa se queda sin comida".

Sserunjogi y su mujer van juntos al centro de planificación familiar, a un kilómetro de su casa. "Comenzamos con las píldoras, un año después pasamos a las inyecciones, pero mi esposa no respondía bien y ahora utilizo preservativos. Su salud es muy importante", añade el hombre, que recuerda que muchos embarazos pueden llevar a complicaciones para la madre. El hecho de que Sserunjogi hable abiertamente de métodos anticonceptivos, así como su implicación en la planificación familiar, le colocan entre esa minoría de hombres que, en Uganda, tengan en cuenta esta posibilidad. Es la excepción a la regla.

Hablar de sexo es un tabú en muchos hogares y perturbador especialmente para las parejas de condición más humilde o sin formación. Y es que, en general, la comunicación abierta entre hombres y mujeres está limitada por las normas sociales, culturales y a veces personales. "Muchas veces, cuando preguntamos a las mujeres qué método de planificación familiar desearían, ellas dicen 'tengo que preguntárselo a mi marido'" dice el Dr. Peter Ibembe, de la organización Reproductive Health Uganda. Ibembe cree que una mejor comunicación entre hombres y mujeres mejoraría la salud reproductiva de estas últimas. Las decisiones vitales respecto al cuerpo de la mujer, aún las siguen tomando sus esposos, "sin embargo, las mujeres ya saben qué es lo bueno para ellas."

La Planificación Familiar no es cosa de hombres

En una clínica cercana a la ciudad de Gulu, Sharon Aber, que trabajan en planificación familiar está sentada frente a una mesa con trípticos informativos y modelos de órganos reproductivos para hacer demostraciones. Durante ocho horas, esta mujer espera a que venga alguna usuaria. "Por discreción, y por temor a sus maridos, vienen en grupos de cuatro o de seis” cuenta esta promotora. Muchas mujeres llegan a la clínica quejándose de secuelas de las píldoras o de las inyecciones, pero luego nunca regresan. Sharon cree que muchos de estos efectos son psicosomáticos, empeorados por el estrés de ocultar a sus esposos que están tomando la píldora. "Si los hombres se involucran y conciencian sobre los beneficios de la planificación familiar, las mujeres lo vivirán con más calma," dice Aber.

A diez kilómetros de la clínica, Jacky Ouma Obalo, de 30 años, y su esposo Patrick Obalo, de 35, sacan las sillas de plástico de su cabaña, para su charla vespertina, mientras sus tres hijos Sarah Odong, de cinco años, Simon Olaka, de cuatro, y Prisca Oroma, de tres, juegan. Dos hombres y una mujer se unen a la pareja para hablar sobre los incendios que han afectado a la temporada de caza, el aumento de los costes de las semillas y la sequía en la región oriental de Karamoja. La idea de hablar sobre planificación familiar les sorprende y les da risa.

"¿Planificación familiar para hombres? - se sorprende Obalo - eso es cosa de mujeres, es más, de mujeres promiscuas, de prostitutas, no de hombres. Obalo es soldador y gana unos 14 euros al mes. Ouma es ama de casa y, de vez en cuando, se une a otras mujeres del vecindario para trabajar una tierra que les prestan. Sus hijos nacieron con un año de diferencia. Ella quisiera sólo cuatro hijos, pero Obalo no lo tiene tan claro: "dos, cuatro, quizás más… depende de mi situación económica y de las expectativas del clan." Y aclara que no depende de él o de su esposa, sino que, realmente, es el clan quien pide que se tengan tantos hijos."

Para Obalo, tener tres hijos a sus 35 años es una cifra muy pequeña: "me piden que tenga más, especialmente, niños, para hacer crecer el clan." Para muchos clanes en Uganda, los niños son un bien, porque al casarse y tener hijos, estos siguen siendo formando parte del mismo, mientras que las hijas pasarán al del esposo cuando se casen. Es más, a las mujeres se las contempla como propiedades inútiles "porque sus hijos nunca serán del clan. En este contexto, Ouma dice que si el clan de su esposo le pide más hijos, ella está obligada a tenerlos. Además, Obalo como católico cree que la planificación familiar va contra las leyes de su iglesia, que predica métodos naturales frente a los métodos artificiales de planificación.

El gobiernoreconoce que las familias numerosas son una carga económica para los hogares y sobre todo para las mujeres. Su plan estratégico de salud ha identificado que la planificación familiar es un ingrediente clave para reducir la mortalidad neonatal, infantil y maternal.

En Kampala, la capital de Uganda, empiezan a verse signos de cambio. Pero lo que está claro es que la clave a largo plazo está no sólo en las políticas que puedan aplicarse, sino también en las relaciones que hay dentro del hogar. Este es el caso de Robert Sserunjogi y su esposa Janet Nalweiso… pero, ellos son la excepción, porque la regla, por ahora, siguen siendo parejas como Jacky Ouma Obalo y Patrick Obalo.

 

Fuente: ElMundo.es - MACHRINE BIRUNGI - (Panos London) - Kampala - 15/11/11 -

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