" Algo habrán hecho "
Desde los perpetradores originales, en libertad cuando se esperaba su inmediata detención, hasta los vecinos observadores, que también son perpetradores periféricos, la propuesta es doble: por una parte, "aquí no pasó nada malo, no semató a nadie", y por otra "lo que pasó era algo habitual, todo el pueblo conocía esos videos, porque hay varios". Los medios de comunicación se ocuparon de difundir los contenidos del Código Penal, y los márgenes de edad para ser víctima de un delito, así como la importancia del número de agresores cuando son "más de dos". Se trata de informaciones cotidianas: hoy sabemos, aún sin haber leído el expediente, que una muchachita de catorce años fué violada por tres sujetos y filmada mientras no podía escapar de la situación.
Que quede claro que la imposición del denominado sexo oral, la fellatio o felación de los latinos, constituye violación para quien está obligada u obligado a asumirla sin alternativa. Y sin duda se instala como una forma de tortura. De la que disfrutan quienes la ejercen como forma privilegiada del abuso de poder.
También sabemos que un corrillo de vecinos, según se dice inspirados por los familiares de los perpetradores, se organizó en defensa de estos denominados muchachos que "no habían hecho nada malo", por que la "chica", o sea la víctima "estaba habituada a estas situaciones", más aún, por ser algo "ligerita", "rapidita". O sea, no le escapa a nadie que la tentativa se dirige a exculpar a los muchachos de buena familia porque, en todo caso, a esa chica le pasó lo que le pasó porque "en algo andaría", o mejor "en algo andaba". Que sintetiza en aquel famoso "algo habrán hecho" que definió el perfil cómplice de los cuidadanos y ciudadanas adheridos al terrorismo de Estado.
¿O pretendemos suponer que el terrorismo de Estado entre nosotros se mantuvo durante diez años solamente gracias a Martínez de Hoz y merced a la Fuerzas Armadas y a las fuerzas de seguridad? No fué así. Entre quienes lo sostuvieron estaban aquellos que decían "algo habrán hecho" para referirse a aquellas víctimas.
Un canal sólido y sutil comunica los pensamientos, negaciones, puntos ciegos y goces en el imaginar que alguien está siendo o ha sido ferozmente victimizado por sujetos a los que se elige como representantes de la verdad y con los cuales es posible identificarse; porque son los que han hecho algo que se admira: portarse como torturadores, capaces, además, de porveer entretenimiento a una comunidad: para eso filmaron el video, para entretenerse y entretener. Violar a una muchacha entre varios, semejante a las becerradas del Medioevo y filmarla para distribuir las imágenes entre la comunidad, desborda el delito de violar y lo perfecciona con el narcicismo de quienes se miraron así mismos aportándose el placer de un tríptico de falos compartidos.
Los comentarios propios del desconcierto popular ante un corrillo que en una ciudad enarbolaba carteles vivando a los buenos muchachos, falsamente acusados por quienes defienden a quien algo habrá hecho para que la violen, condujo a la conclusión inevitable: "¡esta sociedad está enferma". Lo plantearon antes de que se supiera que en Olavarría varias mujeres denunciaban a su ginecólogo por prácticas sexuales ajenas al ejercicio de su profesión, llevadas a cabo justamente, en momentos de ese ejercicio. Otro agrupamiento portaba carteles en defensa del ginecólogo, seguramente victimizado por una coalición de mujeres confabuladas con intención de perjudicarlo. Este agrupamiento, igual que en la otra ciudad, había salido en defensa del supuesto violador.
Si lo verosímil de la historia mantuviera la fuerza probatoria de lo que se deberá probar, si bien los testimonios de las mujeres deberían alcanzar, sólo repetiría lo que innumerables mujeres han padecido en situaciones semejantes, con un agravante: el juramento hipocrático aniquilado, el principio sagrado de la medicina: "primero no dañar".
Ahora tendrían que afirmar que la sociedad está muy enferma. Y así sucesivamente. Y digo sucesivamente porque la historia de General Villegas postergó el análisis de la familia que violaba, mediante sus distintos miembros, a una niña, luego adolescente de 16 años. Víctima que (según informaciones no confirmadas) habría sido repudiada por sus conocidos por "buchona", por haber contado lo que sucedía. Y ahora hay una familia deshecha. Debido a su denuncia. Situación conocida perfectamente por aquellas víctimas que denuncian y luego son sancionadas por quienes la rodean, y aun padecen exclusiones sociales por haber hablado de lo que no se habla.
Artículo publicado por EVA GIBERTI en Contratapa de Página12 el 19/05/10 -