ancianos ante el envejecimiento, la enfermedad y la muerte.
La inactividad dentro de los asilo o guarderías, puede conducirlos a un estado en el que pierden su condición de sujetos y se ven conducidos al deterioro senil de una forma galopante.
Es bien sabido que muchos ancianos aprovechan las salidas de la institución para irse a beber, lo cual les sirve, en la euforia alcohólica de lenitivo para las ansiedades depresivas que le toca tolerar en la vida cotidiana.
La vida comunitaria es muy mal tolerada por muchos de ellos; los hace sentirse desdichados, ansiosos y si no recurren al alcohol, encuentran otra manera de defenderse en el replegarse sobre sí mismos, aislados del mundanal ruido, inertes, lo cual muchas veces, los torna paranoides, por las ansiedades persecutorias que padecen, de tal manera que la vida asilar no está extenta de conflictos.
Ellos se sienten muy violentados por no poder contar con una vida privada. La vida asilar, en ocasiones, los lleva a una pérdida de la identidad. Muchos se tornan agresivos, vuelven a tener actitudes infantiles, abandonan el control de esfínteres y llevan su pasividad al extremo, que muchas veces los reduce a una vida vegetativa.
La jubilación también contribuye a ello pues pierden lo que constituye el centro de su propia vida, lo que los hace realmente ser, y cae como un mazazo en la vida de los ancianos. Ahora no saben cómo emplear el tiempo, y se deshabitúan completamente, sienten que ha comenzado su decadencia, ya que pierden el lugar que han tenido en la sociedad, su dignidad, y esto casi les hace romper con el juicio de realidad.
No hay duda de que el momento de la jubilaciónse constituye en un momento crítico para los seres humanos. La ociosidad pesa, junto con el descontento por la pobreza, con grandes sentimientos de aburrimiento y autodevaluación.
Muchas mujeres temen que sus maridos se jubilen, bien saben que el nivel de vida bajará, que habrá preocupaciones económicas, que se les vendrá todo el tiempo encima, que habrá más trabajo que hacer en casa, mientras que muchos de los viejos se hunden en la hipocondría.
Por ello, muchos gerontólogos consideran a la jubilación, nefasta, ya que eleva el índice de mortalidad o conduce a depresiones duraderas yá que el sujeto se está enfrentando a todo un duelo, obligado a volver a situaciones de dependencia, a la que puede asociarse un deterioro de la salud. Para contrarrestar esto, se sugiere que el anciano conserve sus actividades, pues el exceso de tiempo libre es más peligroso para los viejos que para los jóvenes, ya que cuánto más tienen, menos capaces son de ocuparlo y el aburrimiento les quita el gusto de vivir y distraerse.
Una alternativa para evitar esto podrían ser los centros diurnos; donde muchos de los ancianos que antes dormitaban y no tenían actividad alguna, al entrar en ellos, empezaban a leer, a mirar televisión, a participar en movimientos sociales, la vida mejoraba con las actividades culturales, con la manualidades, y con los ejercicios físicos.
Es importante poder realizar acciones útiles que reivindiquen la calidad de ser humano del anciano, ya que la palabra "viejo" suena como un insulto, y cuando a alguien se le dice "viejo" monta en cólera pues cuando se está bien dentro de la piel, cuando se está satisfecho, valorizado, tenido en cuenta y en buenas relaciones con el medio, la edad es algo abstracto, y hay que hacer un gran esfuerzo para convencerse de que se tiene la misma edad de aquellos que considerábamos "viejos" cuándo éramos jóvenes.
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