Australia: ¡ Basta yá de violencia patriarcal !
El reconocimiento de que la violencia hacia las mujeres es una manera de perpetuar el dominio de una mitad de la población sobre la otra ya va calando en casi todas las sociedades modernas. Sin embargo, en el siglo XXI, la violencia machista sigue cobrando miles de víctimas alrededor del planeta, las violaciones siguen estando a la orden del día, la mutilación genital todavía se practica en muchos países así como los matrimonios forzados, la pornografía nos rodea diario y el tráfico de mujeres destinadas a la prostitución se ha convertido en uno de los negocios más rentables junto al de la droga y el de las armas. Es verdad que las sociedades han avanzado y que las mujeres, gracias al Movimiento Feminista, hemos conseguido más derechos, pero incluso los países más desarrollados todavía existe la lacra de la violencia machista. Basta con citar la estremecedora cifra de violaciones a los Estados Unidos, donde cada 90 segundos una mujer es violada (US Department of Justice, 2000). Australia, otro país considerado muy avanzado, tampoco está exento de esta violencia.
Uno de cada cinco asesinatos pasa entre parejas, y cada año se registra una media de 77 asesinatos que derivan de la violencia doméstica (Diario The Age, 2004). Dado que la población australiana ronda los 22 millones, 77 muertes anuales resulta una cifra alarmante. El 75% de estos asesinatos son perpetrados por maridos o ex parejas y, como en España, la mayoría asesina a su mujer porque ésta ha decidido abandonar o porque éste cree que le ha sido infiel. El 25% de los asesinatos son perpetrados por mujeres, que en su gran mayoría han sufrido malos tratos durante un largo período.
También hay que tener en cuenta que la violencia en el hogar no sólo la padecen las mujeres, ya que a menudo las parejas tienen hijos que desde pequeños son testigos de los abusos y las palizas, y en un 25% de los casos también sufren abusos infantiles. Según el estudio de 2005 las niñas menores de 15 años conforman el 12% de las víctimas de abuso sexual, comparado con un 4.5% de los chicos.
Los ataques de índole sexual, especialmente las violaciones, son un reflejo más de la expresión de control y hostilidad que algunos hombres sienten hacia las mujeres. Al igual que la violencia doméstica, las denuncias de violencia sexual muchas veces no salen a la luz. Incluso en Australia, las mujeres agredidas sexualmente no se atreven a denunciar por vergüenza y por miedo a ser estigmatizadas y culpabilizadas. Según varios estudios un 81% de los casos no son denunciados. De las mujeres que sufrieron violencia sexual, sólo el 19% lo denunció a las autoridades en 2005 y un 15% lo hizo en 1996. Tampoco es sorprendente que no lo denuncien cuando sólo uno de cada diez juicios por violación implica una condena (Centro de Apoyo a Supervivientes de Violaciones y Incesto de Brisbane).
A lo largo de los años hemos oído que “la prostitución es el oficio más antiguo del mundo y se ha practicado en todas las sociedades”, y las feministas añadimos que “el control del cuerpo de las mujeres, las violaciones y la esclavitud también se han dado en todo el mundo durante siglos … “Pero para eso debemos seguir aceptando estas prácticas? Claro que no, además, es interesante resaltar que en Australia, en las sociedades aborígenes antes de la invasión europea, la prostitución no existía. No se intercambiaban servicios sexuales ni por dinero ni por bienes materiales (Raelene Frances, The History of Female Prostitution in Australia, 1994).
Lo más alarmante de la situación es que la legalización de la prostitución ha conducido a su normalización. Dado que el Estado avala y permite su ejercicio, es “normal” que los hombres se sientan justificados en su derecho a comprar el cuerpo de las mujeres como cualquier objeto de consumo. Resulta bastante paradójico que el gobierno dicte leyes de igualdad de género y que por otra parte se beneficie de la comercialización de los cuerpos de las mujeres a través de los ingresos que percibe de los “empresarios del sexo” (impuestos, tasas de las licencias, etc .).
La normalización de la explotación de las mujeres en la prostitución ha llegado a tal punto que incluso las fichas y los bonos que se ganan en el Casino de Victoria (apadrinado por el gobierno) pueden ser intercambiados por “servicios” en los burdeles de la zona (Mary Sullivan & Sheila Jeffreys). Desde su inauguración en 1997, el número de burdeles en la zona ha aumentado considerablemente, así como han aumentado en un 30% sus servicios diurnos.
Fuente: Pueblo y Sociedad Noticias - PYSN - Australia - 31/07/11 - (Alertas Google) -