Cárcel de mujeres (2).

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

La psicóloga es rubia, perfumada, con algo seductor. ¿La limpieza, el brillo del pelo, la buena comida? No lo leerás, romperé el cuaderno, haré muchos barquitos de papel que navegarán los rías de semen, los líquenes de delicado diseño, la bosta de las botas militares, los desaparecidos que tiran del avión, las películas porno, los adolescentes con granitos y leche en la boca, las madres con tetas con olor a huevo recién puesto de la gallina. Un barquito con mi redacción de robot, comandado por un robot. Miles de papelitos con un sólo papel; en cada letra, en cada tacho de basura donde caigan estará mi crimen.

Estrella del cielo a quien puse de nombre Clara y que sales a veces adentro mío para brillar y hablarme y que te hable: recuerdo la papa asada en la chimenea de la sala redonda de la casa de un amigo rico, y los ojos de su perro, un perro que se transformaba muchas veces en gato por efecto del humo. Es posible que por un tiempo me calle tanto que lo que escriba sea más brumoso que el verdadero silencio de la muerte.

Recuerdo algún dato, palabra, cifra. Yá llega la bandeja, es la hora del té. Pero los ojos de la muerte me miran desde estas dos amantes enlazadas que llevan el morir en sus deseperanzas; un gesto es un hueso, una caricia acaricia el cadáver que acaricia el cadáver. Todolos hombres acarician lo que matan. Todas las mujeres. Todas las muertas me miran como si yó estuviera viva y eso fuera imposible. Peco, les digo, con letras, con sueños. Soñé que mataba a mi abuela. Escribo que la maté. La verdad es que la hice vivir, sino escuchen. Ella, Corina, desciende por la tapa del techo condecorada con una estrella que no es mi estrella llamada Clara. Me perfuma. Trae un par de zapatos de tacones muy altos; se los ha colocado como si fueran alas. Pero sirven. Ella vuela los pocos metros de la celda. Y sobre las cabezas de las tres que estamos en la celda. La pareja la mira extrañada, porque no la vé. Yó que la veo sin problemas construyo su último nido en mis brazos. Ella duerme como un niño. yá tiene 105 años, dicen las vecinas. ¡Cómo ha crecido mientras yó que la maté estaba presa!

Ahora que se llevaron las sobras, mi abuela Corina desapareció entre las sobras.

Ella era una miga de su propio pan; un alimento para ratas pequeñas como yó.

Al ín, cuando pude consumarlo, cuándo por fin aquel día dije fin u le clavé la aguja con el aire puro, corrí feliz al baño y me oriné de felicidad en la puerta; en el espejo me esperaba una asesina, mi mejor cara, mis manos no tenían huellas, el gato maulló des-es-per-a-da-me-te. Palabra en la que cabe la pera. ¿o era una manzana?, que comí mirándome al espejo; la mente que me otrogó la paz, el "dame", última palabra de mi abuela que me pidió un caramelo de frutilla de goma. También la espera.

Esperar es horrible. Esperaba el veredicto sentada en la cama de otra celda. Me lo comunicaron.

Corina me enseñó a leer. Leíamos a todos; pero los policiales le gustaban.

Vaya esta página, señorita psicóloga, en homenaje a la que fué mi abuela, Corina Témperli Vives, linda, lúcida.

Esto fué publicado por quien tomó ese cuaderno tirado desde las rejas, desde la ventana donde había óvalos que eran caras de mujeres.

Editado el 11 de agosto de 2010 por MORA TORRES - Editorial Monografías.com -

http://bglos.monografias.com/editorial/2010/08/11/carcel-de-mujeres/   

Publicidad

Etiquetado en Historia de Mujeres

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post
D
<br /> Alucinante historia d euna nieta que asesino a su abuela!<br /> <br /> <br />
Responder
L
<br /> <br /> Realmente alucinante. es difícil creer que ocurren esas cosas, pero ten en cuenta que esta historia posibemente sea una de las tantas que no salen a la luz. Gracias por tu comentario y por<br /> visitar mi Blog. Susana Giosa.<br /> <br /> <br /> <br />