Cuba: Sexualidad en infancia y adolescencia, un desafío para la televisión.
El tratamiento de la sexualidad en la infancia y la adolescencia sigue siendo un desafío sin resolver para la programación televisiva en Cuba, coincidieron especialistas en La Habana.
Múltiples factores, desde la política de producción y programación hasta la subjetividad del personal creativo, median en la factura y los contenidos de series y programas destinados al público de menor edad.
"Se trata de espacios para niñas, niños y jóvenes que programan, narran y realizan adultos, quienes muchas veces transmiten sus propios prejuicios y experiencias personales", sostuvo la asesora de televisión Elsa Carrasco, una de las ponentes en un debate que el pasado jueves 14 de julio abordó el tratamiento de la sexualidad en la programación infantil y juvenil televisiva.
La convocatoria reunió a profesionales de la crítica, la creación y público en el espacio "Mirar desde la sospecha", que cada mes convoca en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), el Programa de Cultura del no gubernamental Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero (OAR), bajo los auspicios de la Agencia Suiza para la Cooperación y el Desarrollo (Cosude) y con apoyo de la Consejería Cultural de la Embajada de España en La Habana.
En su tratamiento, "también influyen las concepciones sobre el tema; la manera en que pensemos a los públicos, si vemos a niñas y niños como sujetos de derechos; y la subjetividad de las y los realizadores, sus mitos, miedos, angustias, ansiedades. Todo está ahí y queda reflejado en el producto", opinó la psicóloga Carolina Díaz Bravo, investigadora de los medios y la sexualidad.
Partidaria de que no existen recetas para llegar a la eficacia, Díaz Bravo recomienda tener en cuenta que la sexualidad no debe reducirse a las relaciones íntimas y sexuales, cuando tiene que ver con la forma en que se expresan todas las personas como seres sexuados, dan una opinión o se hacen valer como seres humanos, entre otras variantes.
"No se me ocurre ningún espacio audiovisual o de televisión que esté al margen de eso", asegura.
En ese camino, se impone tener presente la edad del público al cual se dirigen, sus intereses, situaciones y preocupaciones; igualmente qué les hace sentir bien o les resulta agradable escuchar.
"Es el modo de conseguir una manera fácil de llegarles y que el mensaje se les haga cercano, para que puedan recodificarlo y asumirlo en la vida cotidiana", explica la psicóloga.
La especialista alertó, además, acerca del riesgo de que, al tratar estos temas, se caiga en un estereotipo con el afán de barrer con otro. "En la medida en que sean más ricos y diversos los temas, abordados desde diferentes puntos de vista y siempre desde el respeto y el conocimiento científico, tendremos mensajes mejor elaborados y que se reciban mejor", añadió la psicóloga.
Sin embargo, el tratamiento de la sexualidad de niñas, niños y adolescentes no se limita solo a la programación destinada a esas edades, sino que parece recorrer los más variados espacios televisivos, estelares o no, a veces con mensajes contradictorios.
"No puede ser un asunto a tratar solo con esas edades, hace falta también en los programas elaborados para adultos, quienes muchas veces no saben cómo conducir estos temas con sus hijos, hijas o su familia", comentó María Teresa Díaz, psicóloga y especialista de OAR y quien también ha realizado estudios sobre género y medios de comunicación.
La responsabilidad, en este caso, es compartida cuando niñas, niños y adolescentes consumen todo tipo de programas y mensajes, los mejor elaborados y los fallidos. "Como madre, como familiares, tenemos que estar para responder preguntas, explicar dudas, polemizar con lo que la televisión propone", acota Díaz Bravo.
Para la realizadora cubana Mariela López, lo primero es conocer al público receptor, una verdad establecida que, a veces, se subvalora u olvida."De otra forma no es posible encontrar los mecanismos que funcionen para trabajar ni dar el tiro en el blanco en formas de expresión no verbal o el diseño de los personajes", explicó.
López es reconocida entre otras directoras y realizadores de televisión con obras eficaces en la programación para edades tempranas. Entre sus trabajos se incluyen la serie infantil "La sombrilla amarilla", o la dedicada a adolescentes "Mucho ruido", que alcanzó alta teleaudiencia el pasado año y centró su trama en un campamento de adolescentes.
Afiliada al criterio de que no hay temas prohibidos, sino formas exitosas o no de tratarlos, responsablemente, López parte de que "no es posible saber de todo, pero sí hay que informarse y documentarse para que la información que se ofrezca realmente aporte".
A la vez, el producto debe ser veraz, reflejar el modelo que prima en la sociedad, pero mostrar también otros caminos y salidas a partir del desarrollo del conflicto. "Si no hay una buena historia, no hay función educativa que mueva resortes humanos y haga pensar", opina López.
Pero no son los únicos desafíos para guionistas, personal creativo, de asesoría y programación. "No hay que inculcarles siempre a las historias una moral, bajo el prisma de lo que es correcto o incorrecto", advierte el crítico de cine Gustavo Arcos.
Una idea que parece compartir Charly Medina, realizador de televisión, quien aboga por trabajar más desde los modelos negativos para lograr uno positivo. "Tenemos que acabar de decidirnos a hablarles a niñas, niños y adolescentes desde otras miradas, no siempre pensando en los patrones ideales", señaló.
Tampoco resulta muy saludable reproducir modelos sexuales, físicos, de vestuario y conductas de otros contextos, desde viejas y nuevas series extranjeras que se reponen de año en año, o que se copian y reproducen sin ninguna capacidad de análisis, opinaron preocupadas varias personas participantes.
En otro casos, "hacemos responsables a los jóvenes, que no tienen preparación suficiente, de dar respuestas a veces tan elaboradas, que ameritan la intervención de un especialista, y eso está pasando con algunos programas de participación", acotó la periodista Helen Hernández Hormilla, una de las coordinadoras de "Mirar desde la sospecha".
Los programas destinados al público infantil y juvenil pecan también, como otros de la programación televisiva, de una perspectiva capitalina. "Siento que les falta el país, la vida y los problemas del resto de las provincias y regiones donde no hay otros soportes y la televisión y la radio siguen teniendo un peso importante", indicó la periodista y escritora de literatura infantil Soledad Cruz.
A ello agrega el criterio de que, con un enfoque más amplio de lo que es la sexualidad, la programación infantil se centre, sobre todo, en ayudar a que sus destinatarios sean cada vez mejores personas.
Fuente: AmecoPress/SEMlac - La Habana - SARA MAS - 21/07/11 -