El estigma de la puta.
Hace varias semanas se desarrolló en la Ciudad de México la primera "Marcha de las Putas". Escuchar las consignas, leer las mantas y carteles y platicar con algunas de las asistentes que me fueron conocidas, me recordó inevitablemente las ideas de Gail Pheterson sobre lo que ella llamó el "estigma de la puta". Adelante presento algunas notas ella y sobre su trabajo.
Gail Pheterson es una trabajadora sexual y activista de origen holandés. Sus contribuciones al "movimiento de las putas" datan de la década de los 90s. Mujer inagotable y comprometida, Pheterson estuvo al frente de la realización de los dos primeros congresos internacionales por los derechos de las trabajadoras sexuales que se realizaron en Holanda y Bélgica en 1985 y 1986 respectivamente. De la realización de esos encuentros se derivó uno de sus trabajos más significativos, la edición del libro Vindicación de los derechos de las putas: el movimiento internacional por los derechos de las prostitutas (Seattle: Seal Press, 1989), que como su título sugiere levantó una interpelación directa al libro fundacional del feminismo occidental de Mary Wollstonecraft, Vindicación de los derechos de la mujer (1792). Por aquel entonces, las mujeres que se dedicaban al comercio sexual estaban abocadas a la manufactura de una incipiente lucha por los derechos de las "putas" en Europa y Estados Unidos. El libro entonces sostenía que las mujeres trabajadoras sexuales también debían ser sujetas de derechos. Desafiantes y rebeldes, las trabajadoras sexuales retomaron el vocablo satanizado de "puta" (en inglés usaron el término whore ) para articularse políticamente como actoras políticas y sujetas de derechos. El término de "trabajo sexual" se acuñaría a finales de la misma década, pero en primera instancia fue precisamente el de "puta" el que les sirvió para articular su lucha sociopolítica por derechos y reconocimiento.
Al igual que otras activistas, Pheterson se mostró interesada en proveer al movimiento de estudios que le permitieran sustentar sus demandas con evidencias sólidas. Escribió así dos artículos que al día de hoy se siguen considerando como fundacionales de su movimiento. El primero apareció en el año 1990 y lo tituló "La categoría de la 'prostituta' en la investigación científica" ( Journal of Sex Research 27(3): 397-407). El segundo fue publicado dos años más tarde bajo el título de "El estigma de la puta: deshonor femenino y desvalorización masculina" ( Social Text 37: 39-64). En estas piezas la autora expuso sus ideas acerca del "estigma de la puta", esto es, la categorización social y legal de las mujeres sospechosas de ser o actuar como prostitutas. Como trabajadora sexual, Pheterson centró su interés en la manera en que este estigma afectaba legal, social, económica y políticamente a las mujeres en su ramo; pero acertadamente sostuvo que "el estigma de la puta" afectaba al género femenino en su totalidad.
Gail Pheterson afirmó que los estudios científicos sobre prostitución reflejaban más las suposiciones y prejuicios de los investigadores que la realidad y experiencia concreta de las prostitutas. Explicó que esto se debía a que ellas quebrantaban dos premisas centrales de lo que se consideraban como el honor y el valor femenino y que las convertían entonces en putas : sostener relaciones sexuales con más de una persona y (¡el horror!) rehusarse a no tener sexo gratuito y desinteresado por amor, sino a cambio de dinero. Para ella los malentendidos y las repercusiones legales punitivas que afectaban a las prostitutas provenían del hecho de que su actividad se asociaba con atribuciones de ese deshonor femenino. Es decir, la carga social negativa de la palabra "puta" forma parte de las nociones genéricas de honor y valor que marcan y controlan por medio del estigma de la puta, tanto a las mujeres que se dedican a la prostitución, como a aquellas que sin hacerlo son acusadas de tal. En el caso de las prostitutas este estigma las marca permanentemente con la identidad de puta, una marca imborrable que más que describir su actividad se considera socialmente como si fuera parte consustancial y permanente de su ser. El estigma de la puta refuerza la idea popular de que tanto ellas como sus clientes son seres humanos dañados ya que separan el sexo del amor y que se relacionan con más de una pareja contraviniendo los patrones sociales aceptados para hacerlo.
Uno de los rasgos más característicos de su pensamiento político consistió en rehusarse a interpretar la experiencia de las trabajadoras sexuales como las víctimas por excelencia del patriarcado y del capitalismo. Entonces en vez de instar a sus colegas a que dejaran el ejercicio de la prostitución, Pheterson llamó a sus correligionarias a que se organizaran para demandar mejores condiciones laborales. Las instó a la resistencia y a la erradicación del estigma asociado a la prostitución para así poder facilitar el nacimiento de la "conciencia de la puta" ( whore consciousness ). Sus ideas han servido como base para fundamentar la posterior articulación de un movimiento de trabajadoras sexuales (y más recientemente también de mujeres trans y hombres dedicados al trabajo sexual) ampliamente internacionalizado.
Las ideas de Pheterson tienen sin duda eco en algunas de las demandas y consignas expresadas en la marcha. Tal como la mayoría de las asistentes, las prostitutas también ha usado el vocablo de "puta" para articular demandas políticas que las beneficien. Por mi parte sólo espero que el uso de "puta" para convocar a una marcha, no nos deje olvidar que la lucha de las putas no debe incluir solamente a las mujeres que son potencialmente tratadas como tal, sino también a aquellas que son injustamente (mal)tratadas como putas por dedicarse al oficio del trabajo sexual.
¡Apoyemos pues la(s) causa(s) de "las putas"!
Fuente: Boletín Julio 2011 MujeresNet.info - ORALIA GÓMEZ - *Etnóloga , letra-hispanista y Antropóloga Social. Feminista anti-racista.