" Embarazo no deseado es violación " (2)
Entre mis pacientes, a lo largo de una vida que ya no es corta, encontré personas con dos clases de reacciones frente a la acción de abortar (como todo el mundo sabe, abortar ya se aborta, con ley o sin ley): para las primeras, que tienen la creencia de que ya en el primer trimestre se trata de un bebé, el impacto del aborto es traumático y, sin influirlos en la decisión como corresponde a una psicoanalista; los he acompañado en la asunción de sus decisiones: sea la elaboración de la aceptación de ese embarazo y parto, sea la elaboración del trauma o duelo por lo que ellos suponen que es un bebé perdido, aunque yo no comparta ese supuesto. La otra reacción es de los que creen o saben que es una combinatoria genética: permitiéndole nacer, arruinarían esa vida y arruinarían también la de ellos, al producir un violento cambio de los objetivos que han proyectado para enfrentar las dificultades del existir. Si no hay deseo y preparación para dar existencia al bebé, éste es un peso insoportable cuya presencia producirá llagas inevitables en la humanización, en la constitución subjetiva del niño y en la vida de los padres, aunque sea la llaga de la resignación.
Pero indudablemente la protagonista es la mujer. Su deseo es inalienable, puesto que su cuerpo y su psiquismo son los parasitados por el embrión. Si lo desea, yá será una mamá embarazada (se está empezando a saber de las influencias prenatales que tienen las emociones de la madre). Si no lo desea y la preñez prosigue, el embarazo es una violación insoportable de su cuerpo y de su mente, parasitados como mero envase de una ajenidad que progresa sin su consentimiento y que puede llevar a la violencia de un infanticidio. Así como Romina Tejerina, la joven que, habiendo sido violada, mató a puñaladas a su recién nacida. ¿Por qué no la dio en adopción? Porque odiaba ese fruto de una violación cuyo desarrollo la violó por segunda vez.
Embarazo, parto y amamantamiento son hechos conmocionantes en la vida, en el alma de una mujer, magníficos y enaltecedores de su autoestima si los ha deseado, violatorios y traumáticos si no los desea. Pocas experiencias satisfacen tanto como la violencia del parto deseado, con la ultraconcentración de atención, la reunión de todos los sentidos y fuerzas físicas y mentales: es magníficamente violento, pero, violento. El amor, en el marco de ese dolor y ese esfuerzo, testimonia la enorme fortaleza de las mujeres. No deseado ni asumido, es un castigo de la biología, que funciona como una máquina no deseante e intrusiva en la propia subjetividad; máquina desubjetivizante, junto a la sociedad pacata que dice creer que hay una vida humana, un alma, incrustada en una combinación genética.
La condición de la mujer como sujeto es confrontada, por parte de la sociedad, con una subjetividad que no es, con una personalidad potencial, que sólo será "alma" si la madre le tiene amor. En caso contrario, si la sociedad obliga a esa mujer a sólo ser envase, el resultado será un alma en pena. Conozco las llagas de sujetos a quienes la madre les espetó brutalmente cosas como: "te iba a abortar pero me dió miedo que me operaran y volví a casa". O de los que cuentan: "mis padres se casaron por culpa mía, para que yo naciera, y su matrimonio fué un desastre toda la vida". Muchas de estas personas no aman su propia vida.
Nadie obliga a abortar a los que tiene pensamiento religioso, pero ¿por qué someter a una creencia dictatorial el cuerpo y el alma de las mujeres que no tienen esa creencia?. Ello las obliga a someterse a una serie de experiencia traumáticas, como las que vivió Romina Tejerina hasta llegar al infanticidio. Claro que no acordamos con ese acto, porque el bebé nacido tiene autonomía biológica y puede ser entregado a padres adoptivos que lo necesiten y lo amen, cumplido el acto de nacimiento, la madre deja de ser envase y el bebé tiene derechos de autonomía suficientes como para que le sea provisto anidamiento. Pero es posible comprender las emociones de Romina Tejerina, por haber sido violada dos veces. Es que aún las mujeres que han cometido un error también son violadas por el embarazo no deseado, aunque la relación sexual haya sido consentida.
Fuente: Psicología - Acerca de la despenalización del aborto - Autora del artículo ISABEL LUCIONE - Psicóloga. Miembro fundador de la Sociedad Psicoanalítica del Sur. Ex directora de la Carrera de Especialización en Psicoanálisis UCES-APBA -
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