La ausencia femenina a finales de la década de 1910. (1)
“No bastarán reformas legislativas; hay toda una educación que
rehacer en el hombre lo mismo que en la mujer; las mejores leyes
serán insuficientes para protegerla contra un esposo brutal o
refinadamente cruel, al paso que los que comprendan sus deberes
toda legislación será superflua”.
Elvira López -1901
La emancipación de las mujeres y de las proletarias en particular fue un tema de debate desde inicio de siglo XX en nuestro país. Las denuncias por las condiciones de trabajo, salud y vivienda y las diversas iniciativas por la emancipación cívica y civil, fueron temas de congresos, leyes y proyectos de leyes.
Un camino de logros y de grandes obstáculos, a los que se opusieron las fuerzas conservadoras y católicas que atravesaban los poderes políticos y económicos.
Desde las propias filas del socialismo manifestaban escepticismo. El empuje y las esperanzas en el parlamento puestas desde principios del siglo XX, para promover una legislación que favoreciera a la clase obrera se fueron desvaneciendo a finales de la década de 1910. Los socialistas embretados en la lucha parlamentaria, padecían las limi-taciones de aquél. El artículo correspondiente a la Redacción de La Vanguardia del 11 de febrero de 1919:
Las nuevas ideas no se imponen fácilmente entre los que tienen intereses creados, máxime cuando ellas traen a la discusión, remueven y tienden a cercenar esos mismos intereses. Y es lógico, aunque no admisible, porque el instinto de conservación generalmente prima sobre todo pensamiento de justicia.
La expulsión de la corriente internacionalista, después de una prolongada discu-sión sobre el carácter de la primera guerra mundial, la sociedad capitalista y el apoyo a la primera revolución socialista, no cerraba un debate que los intereses de clases plan-tean cotidianamente, aunque se los llame “instinto de conservación” o se reconozca que existe “el grupo de los privilegiados que detentan la riqueza y los medios de produc-ción”
Esta línea argumental limitaba el análisis a categorías de “confianza” o descon-fianza en el gobierno o reducía el accionar de las clases dominantes a una mera “repeti-ción” de sus acciones, cuando éstas son las armas que emplean al defender la explota-ción de una clase sobre otra.
Ganados por el escepticismo, pues los proyectos presentados no tenían cauce en el parlamento, culpaban a la prensa por sus reflexiones:
Las promesas del actual gobierno nos inspiran la misma confianza que las del viejo régimen de hace catorce años. Desde ya, la prensa capitalista encuentra que ciertas leyes obreras es necesa-rio estudiarlas muy detenidamente, que exigen investigaciones estadísticas y que antes de poner-las en práctica hay que realizar experimentos para que su mecanismo no falte en la práctica. Es la repetición de lo que se aducía cuando la presentación de la ley nacional del trabajo en 1904. (1)
¿Quieren las clases dirigentes mejorar al proletariado?
Las clases dirigentes, como las llama el artículo, quieren que sus emprendimien-tos obtengan beneficios en el mercado nacional e internacional y desde ya que para ello necesitan de quienes vendan su fuerza de trabajo extrayendo si es posible plusvalía ab-soluta. Sólo la lucha organizada del movimiento logró mejorar las condiciones de traba-jo. Es por eso que la expresión “Es que nuestras clases dirigentes no tienen deseos de hacer nada por el mejoramiento del proletariado” resulta por un lado de una ingenuidad evidente pero también refleja una pérdida de rumbo después de tantas expectativas y esfuerzos realizados en el ámbito parlamentario.
El contexto interno correspondía al marco de una situación internacional en que la lucha de clases agudizada en el período de la Primera guerra mundial, interimperialis-ta, abrió un debate y posterior división en el movimiento socialista internacional cone-fectos en la política de nuestro país.
¿Cómo entender la “ausencia femenina”, tal como la plantea el dirigente socia-lista Luis E. Recabarren, cuando analiza críticamente la participación de las mujeres y la organización de los socialistas en LaVanguardia del 12 de enero de 1917?
Una ausencia “incomprensible” atribuída por un lado a la falta de presencia en las acciones realizadas por los socialistas y por otro a la poca importancia que se le daba a la cuestión, “desconociendo la necesidad de que la mujer se eduque, se prepare, se capacite en las modalidades de nuestra obra, en nuestros sentimientos, en nuestras aspi-raciones.
¿Es que la mitad de la población no debe tener interés en los problemas que motivan la existencia del socialismo y de la organización? El autor encuentra una parte de la respuesta en los propios prejuicios que subsisten en el interior de la organización para la convocatoria de las agitaciones callejeras:
Y si tantas quejas hacemos del retardo con que la mujer avanza en la civilización ¿qué hacemos los socialistas y los afiliados de los sindicatos para que la mujer salga de ese abismo?
¿que la mujer no podrá estar dos horas de pie en la calle para oir una conferencia? ¿Qué la mu-jer no es propio que esté dos horas en medio de una aglomeración expuesta a accidentes o inci-dentes?
Existía una preocupación por preservar a las mujeres de los peligros, pero al enumerar las tareas que éstas realizaban, diez o doce horas de pie lavando o planchando o sentadas encorvadas o empaquetando cigarrillos, se ponía en evidencia los peligros cotidianos en sus quehaceres laborales.
El problema del protagonismo de las trabajadoras y vuelve a plantearse pública-mente al año siguiente.
El Centro Socialista Femenino en el año 1918 recibe un reconocimiento es-pecial por su tarea realizada desde hacía catorce años (2) al ser incorporada, una mujer como vicepresidenta segunda del XIV congreso y desempeña un cargo en el comité ejecutivo.
La crónica de La Vanguardia del 23 de julio de 1918, firmada por Rosa B. de Mouchet, señala:
Tan constante labor, realizada por un reducido grupo de mujeres socialistas que han luchado sin cesar, a la par de los hombres, en la obra de elevación material y moral del pueblo trabajador, bien merecía este hermoso homenaje tributado por el elemento masculino al elemento femenino del Partido. Recordemos, además que el Centro Femenino ha venido luchando sin tregua por la emancipación civil y política de la mujer en nuestro país, conquista esta que vendrá a coronar el espléndido edificio de nuestras conquistas diarias de nuestras aspiraciones de progreso colectivo y que necesita indiscutiblemente la colaboración directa de la mujer, pues si bien es cierto que nuestra emancipación puede llegar de la obra de los hombres socialistas -, así como la emanci-pación de los esclavos fue la obra de los hombres libres más progresistas y no de los mismos esclavos, incapaces por efecto de su misma abyecta esclavitud de comprender los beneficios de la libertad.(…)
El C.S.F. ha hecho constantes llamamientos a las mujeres proletarias y estos llamamientos fue-ron respondidos por un número muy pequeño de mujeres. A esta enorme dificultad hay que añadir la falta de recursos para llevar a cabo su acción.
Era evidente que el problema subsistía, al no incursionar en la práctica política. La acti-vidad parlamentaria era el medio principal para lograr los proyectos de emancipación civil y política de la mujer; las acciones, quedaban subordinadas a la primera.
Observamos con atención la ausencia femenina en el período de la guerra, que tanto debate promovió dentro del Partido Socialista y también en el movimiento de mu-jeres en el plano internacional. Sólo registramos esta nota.
UNA MADRE A LAS MADRES, el 4 de septiembre de 1914, Dorina F. Arienti, reconoce las variadas reflexiones que le provoca la guerra: económicas, duración, sobre los acaparadores a costa del hambre y también pronósticos sobre victorias y derrotas. Su mirada estuvo centrada en la poca preocupación por los integrantes de hogares donde se habían perdido hijos.
Opina acerca de las causas de la guerra:
“No sé de qué lado está el derecho o la usurpación, la justicia o el atropello. Presiento, sin em-bargo que este crimen terrible que envuelve la tierra es una llamarada de odio y la inunda de sangre, no puede ser producido por el arbitrio de un emperador o de un presidente de la repúbli-ca. (…)
Y entonces se me ocurre que si hay un culpable, no es un hombre o un grupo de hombres, sino todo un sistema, que falsea la educación y mata en el niño, en el hombre de mañana, el divino destello del amor a la paz y cultiva la pasión del bruto hacia la violencia y el crimen.”
Propone oponerse a esa “barbarie” para que nuestros hijos no nos sean arrebatados ma-ñana y convertidos en máquinas o carne de cañón”.
Las tres corrientes en que se dividió el movimiento socialista internacional, promovió este comentario:
“Hay un tenaz empeño, con motivo del desastre europeo, en presentar al socialismo internacional en plena bancarrota.
Pregunta sobre la participación en la guerra:
¿No hay, pues, fundados motivos para creer que los socialistas alistados en las fuerzas belige-rantes, crean indispensable y de vida o muerte para la civilización, la libertad y la solidaridad entre los pueblos europeos, esta lucha terriblemente sangrienta?
La posguerra y el triunfo de la mujer
El título no es nuestro, sino de un artículo publicado en La Vanguardia el 5 de noviembre de 1918 y reafirmado el 7 de marzo del año siguiente enuncia que el final de la guerra “ha precipitado la solución del problema relativo al voto femenino (…)
Al referirnos al tema de la primera guerra mundial, en el artículo - 1914 - La guerra y los intereses de clases: Divide aguas en el movimiento de mujeres (3) de-cíamos que el estallido de la primera guerra mundial, afectó directamente a millones de personas, y preocupaba también al resto del mundo. La guerra injusta para los pueblos, abrió un debate entre los miembros de los partidos socialistas del mundo, sobre temas como “la patria”, “la paz”, “el nacionalismo”, con llamados al pacifismo y sobre el pa-pel de las mujeres, especialmente el de las madres.
Sobre el carácter anexionista, imperialista, reaccionario, esclavizador de esa gue-rra, Lenin (4) afirmaba: “estamos ante una lucha de grandes tiburones por tragarse ‘pa-trias’ ajenas.”
También citábamos una declaración de la Conferencia de socialistas italianos y suizos, realizada en Lugano el 27 de septiembre de 1914 donde haciendo referencia a las verdaderas causas y al carácter propio de esta guerra, sostenían que estaban “desna-turalizados y oscurecidos por la locura chauvinista que las clases dirigentes han sabido desencadenar. Esta corriente chauvinista ha podido arrastrar a parte de la clase obrera, la que erróneamente cree contribuir a la liberación del proletariado víctima de la domina-ción sangrienta en el país enemigo. Pero no hay guerra que pueda tener semejante efec-to. Los oprimidos de un país nunca piden la libertad combatiendo al lado de sus propios opresores contra los oprimidos de otro país.”
Las posiciones frente a la Primera guerra mundial, produjo no sólo debates y fracturas dentro del movimiento socialista internacional, sino también represión interna a los que se oponían a la participación en la misma. En el movimiento de mujeres suce-dió lo mismo y lo pudimos verificar cuando citamos los testimonios de las protagonistas del congreso internacional de mujeres socialistas.
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