Los hombres que maltratan a las Mujeres.
En la ciudad se desarrollan desde diversos espacios dos campañas contra la violencia hacia las mujeres, la primera desde la Alcaldía distrital, como parte de la aplicación de la política pública de mujeres, con el lema: "Oye Man, no le pegue a la negra. La segunda desde la organización Funsarep en consorcio con otras organizaciones de mujeres de las ciudades de Medellín y Bogotá, con el lema "La violencia contra las mujeres no te hace campeón”. Ambas campañas procuran la visibilización, denuncia y condena de la violencia ejercida por los hombres contra las niñas y mujeres. Violencia que aumenta alarmantemente en todas las esferas de la sociedad cartagenera y colombiana.
Ambas campañas están dirigidas a toda la sociedad para que esta no tolere la violencia de género, pero en concreto al sujeto masculino, a los hombres afros, blancos, mestizos; niños, jóvenes, adultos; padres, amigos, novios, profesores, hermanos, abuelos, maridos, ex maridos, amantes, amigovios, compañeros de trabajo, servidores públicos, funcionarios y jefes, que de una u otra forma ejercen cotidianamente algún tipo de violencia contra las mujeres, violencia que las Naciones Unidas definen como todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la privada. Las campañas también van dirigidas a las mujeres, precisamente para fortalecerlas en el ejercicio y exigibilidad del derecho que tienen a vivir una vida libre de violencias y la denuncien porque es una violación a su dignidad e integridad.
Aunque las campañas colocan como primer receptor a los hombres, cada una lo hace desde mensajes distintos que tienen como emisores a los hombres. En la de la alcaldía y a las propias mujeres en la de las organizaciones y esta diferencia en el emisor tiene profundas connotaciones en el logro de los propósitos y en la comunicación efectiva del mensaje en el receptor principal. La Alcaldía con la frase "Oye man no le pegue a la negra”, estrofa de la canción La Rebelión de Joe Arroyo, da simbólicamente la voz principal al hombre negro que en la canción reclama al hombre blanco que cese la violencia contra su negra en la época de la esclavitud, porque es ese el contexto histórico de la canción y que no se puede obviar, ella hace referencia a la violencia ejercida por el hombre blanco esclavista contra la mujer negra, violencia que también fue sexual, física, sicológica y cultural, lo que no debe llevarnos a desconocer que los hombres negros del momento también ejercieran violencia contra las mujeres, ni el marcado enfoque de propiedad que subyace en la frase del hombre negro hacia su negra, en fin de machismo. Quedando planteada la duda si el reclamo del hombre negro es hacia la violencia del hombre blanco o a la violencia contra su negra.
La segunda campaña formulada, planificada y ejecutada desde la voz y experiencia de las mujeres dirigida hacia los hombres, bajo la simbología del fútbol, tiene otra connotación, en cuanto da la palabra a las propias mujeres, desde el enfoque de sus derechos para que no toleren la violencia y cuestionen las ideologías del patriarcado y el machismo que son los que han legitimado esta histórica agresión hacia las mujeres. Los discursos emitidos por las mujeres anuncian con fuerza que en ninguna circunstancia es tolerable ni justificable la violencia contra las mujeres. En todo caso los hombres que le pegan a las mujeres y los que legitiman esta práctica abominable no escuchan estos mensajes o se hacen los sordos ante los mismos.
Los hombres que les pegan a las mujeres viven en todos los estratos sociales, lo hacen en público y en privado. Se sienten cómodos haciéndolo porque desde la ideología machista, que les otorga el poder sobre los cuerpos y vidas de las mujeres, se creen con el derecho de hacerlo y lo hacen convencidos de que pegando a "sus mujeres” son más hombres, demuestran su hombría ante los demás hombres y someten a "sus mujeres”.
Los hombres que les pegan a las niñas y a las mujeres intentan justificar su patología social en las mismas mujeres, responsabilizándolas de esa violencia y argumentando que ellas los provocan, se lo merecen por su desobediencia, su aparente desatención de las tareas domésticas y los hijos, por sus reclamos y exigencias, por estar en la calle, por no aguantar los malos tratos y violencia y porque no se comen el cuento que les pegan porque las quieren.
Los hombres que les pegan a las mujeres se dejan llevar por el machismo y la tradición. Utilizan la fuerza física, los gritos y los golpes porque son incapaces de conversar, de conciliar, negociar, ceder, reconocerse enfermos y cambiar. Porque no tienen la capacidad de dialogar con las lógicas no violentas de las mujeres y sobre todo porque son presos del machismo. Estos hombres que se exhiben como pieza de museo cada vez que pegan a una mujer son la cara más ruin de la sociedad y del género masculino.
Los hombres que les pegan a las mujeres están convencidos de que hacen bien, que es lo correcto, que tienen derecho a hacerlo, que logran someter a las mujeres, y que las mujeres los aman y les hacen más caso porque les pegan, se rinden a sus pies, son más fieles, tienen más disposición para atenderles. Estos hombres consideran que son más valorados en su masculinidad, incluso entre las propias mujeres, pero se equivocan porque las mujeres no quieren la violencia, rechazan la violencia. Lo que pasa es que son presas de un modelo de sociedad que las ha hecho dependientes de los hombres porque no les brinda oportunidades ni espacios para abrirse campo laboral ni socialmente.
Estos hombres viven engañados y se engañan entre ellos mismos, creen que logran con golpes el respeto y reconocimiento que no pueden obtener con la razón ni el afecto, y por eso cada vez son más violentos. Porque solo con violencia se mantiene lo que se consigue con violencia. Subestiman el daño social que provocan con su violencia a las mujeres y las niñas y a toda la sociedad. Subestiman el poder de las mujeres y desconocen erróneamente la fuerza de sus movilizaciones y exigencias sociales y jurídicas. Incluso cobran con la propia vida de las mujeres la labor de defensa y denuncia que estas hacen contra la violencia de que son sujetas.
Los hombres que pegan se saben perdidos frente a la fuerza emocional, histórica, simbólica y social de las mujeres, los cambios en los paradigmas, roles de género y avances legislativos que las protegen y garantizan sus derechos y ante su imposibilidad de transformarse se aferran a la violencia como forma bruta de respuesta.
Soy hombre y no estoy de acuerdo con la violencia de mis colegas de género hacia las mujeres. Soy hombre y repudio la violencia de "El Bolillo” Gómez contra una mujer y todas las violencias que a diario se denuncian y las que no, porque nada justifica la violencia contra las mujeres, violencia que es contra todas las mujeres y todas las organizaciones e instituciones públicas y agencias de cooperación que impulsan en el país acciones contra la violencia de género.
Fuente: ADITAL JOVEN - Colombia - EDILBERTO NOGUERA MELENDEZ - Integrante de Funsarep - 25/08/11 -