MUJER: cuerpo de castigo.(2)

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

Es así, pues, el cuerpo femenino la valiosa materia prima que sostiene el sistema económico, político, sobre el que se deposita la permanencia del estado de las cosas. Es muy probablemente por ello que a quienes les interesa mantener, justamente, ese estado de las cosas, les resulta terrible, temible, impensable el que las mujeres nos reconozcamos dueñas de este cuerpo, precisamente de este cuerpo. Las mujeres, piernas, brazos, úteros, senos, troncos, cabezas; dueñas de sí, poderosas.

Ante este peligro inminente es que buscan construir mecanismos de sujeción, modelos de lo que es deseable, la imagen a imitar de belleza, de renuncia, de abnegación. Incluso, se construye una lógica común de constante obligación, compulsión a la maternidad. La imagen de la madre, rodeada de cánticos de ángeles rubios de la iconografía católica, monumentos, encajes rosas, telenovelas embrutecedoras y eternas loas a la renuncia y al sacrificio en el nombre de los hijos .

En cambio, se destina la sanción para aquella que rompe con alguna de las ligaduras concretas. Estigma, señalamiento. Para quien se atreve al placer, es el calificativo de puta. Para quien transgrede con el molde de lo considerado femenino, el apelativo de machorra. La gorda , es quien no cumple con los criterios de estética impuestos desde los medios. Incluso y en pleno siglo XXI, hay una carga para aquella que decide entrar al trabajo de criar hijos sin un hombre a su lado que la legitime.

Sin embargo, al parecer, no bastan el estigma y la sanción social para quien se niega a gestar y parir sin desearlo. Hay una búsqueda sádica de castigo corporal, de criminalización, una persecución de hecho, hoy en México legitimada en 18 estados: Chiapas, Veracruz, Querétaro, Baja California, Chihuahua, Campeche, Colima, Puebla, Durango, Jalisco, Nayarit, Quintana Roo, Guanajuato, Yucatán, Sonora, Morelos, San Luis Potosí y Oaxaca .

Así como se dice que en este país existe libertad de expresión, esta libertad es real porque está consignada oficialmente, es real mientras no se intente pintar en un muro, pegar un cartel o repartir volantes informativos por la calle, mucho menos acceder a los medios de comunicación masiva, porque entonces quien lo intente será nombrado transgresor, incluso �delincuente�. Es decir, tenemos libertad de expresarnos, pero no en cualquier espacio, porque el espacio pertenece, generalmente, sólo a los privilegiados y al Estado. Así, el cuerpo de las mujeres es de las mujeres mientras no intenten decidir por sí mismas lo que ocurre con él, porque, al parecer, la injerencia suprema ha de ser la de los líderes religiosos y de los interesados en mantenerlas sujetas.

Es por lo anterior que se hace preciso mirar con cuidado qué hay detrás del discurso antielección que manejan los sectores conservadores y que nos dejan caer en periódicas declaraciones, porque no es mero oscurantismo sustentado en arcaísmos religiosos, no es ignorancia, no son tan inocentes. Se trata únicamente del engaño que ocupa demasiado tiempo en citas de salmos y evangelios, excelentes distractores en el debate, cuya función es de cortina de humo para un análisis de mayor profundidad para la población en general. Su interés tampoco es el bienestar de la �familia�, concepto que han convertido en sagrado instrumento de manipulación de la opinión pública. Mucho menos es el bienestar de las mujeres mismas, no hay interés alguno en el fortalecimiento, en la autonomía, en la educación en general, baste con ver de la franca oposición y desinformación activa en contra del condón, los métodos anticonceptivos, la PAE y los temas de salud y libertad sexual en general y, definitivamente, tampoco es el interés por la vida del producto, mero chantaje señalado en foros diversos cuya incongruencia es prácticamente palpable en la pobreza de millones, tolerada, incentivada por éstos mismos que claman desde la cultura de la misoginia.

La visión retrograda es el no entender las circunstancias diversas de las mujeres que vivimos un embarazo no deseado, es no construir una educación en el respeto a la libre elección, de prevención informada. Además es interesante observar el cómo el buscar la prohibición, tampoco, es evitar que se lleven a cabo abortos, pues de sobra sabemos que la ilegalidad no detiene el que ocurran, el objetivo es claro y específico: el castigo sobre las mujeres.

Es la concreta exigencia del castigo como forma, como política del miedo en busca de mantener el sometimiento de un sector de la población. Se toman el poder de imponer sobre nuestros cuerpos la prisión, si no deseamos o nuestras circunstancias de vida nos llevan a elegir no gestar, si decidimos no utilizar nuestra fuerza, energía, tiempo, la cotidianeidad en la tarea de la crianza.

En los meses más recientes en México, se ha visibilizado el que en Puebla, son aproximadamente 30 las mujeres encarceladas por haber abortado; en Veracruz hay ocho recluidas por aborto que han sido acusadas de homicidio calificado; cinco de ellas ya han sido sentenciadas a purgar de 12 a 15 años de cárcel por su supuesto crimen. [5] En tanto, en Guanajuato, según datos de organizaciones no gubernamentales, en los últimos ocho años 130 mujeres violadas han sido denunciadas y procesadas por abortar. En los últimos años nueve mujeres fueron sentenciadas y 11 están siendo procesadas, de acuerdo a información de San Juana Martínez [6]

Para las mujeres que hemos abortado o que estamos en un momento de nuestras vidas en donde nos preguntamos sobre la opción de interrumpir un embarazo, el clima alrededor está sembrado de terrorismo antielección. Por una parte la acusación menor es la sanción social que nos nombra egoístas, es decir, es la crítica a atrevernos a decidir lo que queremos para nosotras, para nuestros futuros y para nuestra vida cotidiana, cómo y cuándo ser madres; continúa el señalamiento y condena hacia quien se sospecha a favor del aborto en algunas comunidades; el ataque directo a quienes reconocemos públicamente que hemos interrumpido voluntariamente nuestros embarazos, desde insultos hasta mensajes de odio y más; la injusticia de tener que someterse a los procedimientos terapéuticos en medio del temor a lo oculto, en sitios no siempre salubres y mucho menos regulados; de permitir que sea un negocio para algunos médicos que se aprovechan de la situación para cobrar sumas indignas a mujeres en situaciones desesperadas, médicos que no siempre están capacitados y que cuando cometen violencias contra sus pacientes no pueden ser denunciados; hombres, esposos, novios, padres, que violentan a mujeres obligándolas a abortos involuntarios; mujeres que han encontrado la muerte por abortos mal practicados en condiciones de clandestinidad. Todo ello permitido, sugerido y generado por el clima de ilegalidad, hostilidad y profunda desinformación promovida en los ambientes contrarios a la libre elección.

Qué distinto podría ser si las mujeres no fuéramos a prisión por determinar cuándo y cómo deseamos tener hijos.

Cuán liberador sería si médicos y médicas a los que acudiésemos estuvieran todos bajo un marco de regulación, actualizades para prestar servicios eficientes y de calidad y sensibilizades para que el trato fuese más humanitario,

Cuánta sería la diferencia si hubiese información laica y con difusión suficiente para que nadie pudiese obligarnos a interrumpir un embarazo, pero tampoco el continuarlo.

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Etiquetado en Diversidad Sexual

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