¿ Qué significa el feminismo ? (2)
Algunos antecedentes: Francia en el siglo XVIII
En la Francia del siglo XVIII, las salonniéres triunfan: cada una se especializa en un espacio en la protección de uno o varios escritores del Siglo de las Luces. La Marquesa de Lambert expresa ideas feministas, Madame de Epinay protege al abad Galiani, Madame de Chátelet, a Voltarie Mademoiselle de Espínasse, D’Alembert, etc. Es aquí donde Hijas o mujeres de banqueros comienzan a desempeñar un papel importante. Por ejemplo, Madame Necker y su hija Germanine de Stáel, abrieron su salón a los liberales. La primera de ellas era enemiga encarnizada del misógino Nápoleón, la cual dirigió una cadena periódicos. En su salón, Madame de Condorcet y su marido se volvieron propagandistas de la igualdad de los sexos y de los derechos de las mujeres trabajadoras.
En este periodo las mujeres de los medios populares desempeñaron un papel considerable de preparación y de apoyo a la lucha revolucionaria, tanto en París como en la provincia. En Bergerac, de 1770 a 1789, las mujeres participaron muy activamente en los motines a favor de la tasación del trigo. Por su parte, en Grenoble (1788), las mujeres dirigen una petición al rey; escriben una lista de sus quejas y denuncian la condición femenina: «Las hijas del tercer estado nacen, casi todas, sin fortuna. Su educación es muy viciosa o muy descuidada». Reclaman su franquicia, el derecho de votar y de ser representadas por ellas mismas, «puesto que los representantes deben tener absolutamente los mismos intereses que los representados, las mujeres no pueden estar representadas sino por mujeres». En 1789, las pequeñas comerciantes, las vendedoras de pescado, las lavanderas, las jornaleras, actrices, costureras, desempleadas, cantantes —alrededor de 4.000— se dirigen a Versalles, de donde volverán junto con la familia real y con el decreto sobre el precio del trigo.
Las mujeres de las clases medias fundaron clubes para sostener la Revolución, algunos exclusivamente femeninos. Qlympie de Gouge publicó la Declaración de los Derechos de las Mujeres, cuyo artículo X afirma: «La mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener igualmente el derecho de subir a la tribuna». Condorcet habló ante la Asamblea Nacional a favor de la emancipación de las mujeres, era el mismo que había escrito en 1788: «El derecho de ocuparse directamente, o por representantes, en los asuntos de su país, es un derecho que los hombres tienen no por su sexos sino por su cualidad de seres racionales, que le es común con las mujeres.
En 1793, después que las mujeres hubieran participado valerosa del esfuerzo de guerra de 1792 se plantean tres preguntas a los diputados franceses: ¿Debe permitirse la reunión de mujeres en París?, ¿pueden las mujeres ejercer los derechos políticos y tomar parte activa en los asuntos del gobierno?, y ¿las mujeres pueden deliberar, reunidas en asociaciones políticas o en sociedades? Sin lugar a dudas las respuestas a estos interrogantes por parte de los parlamentarios fueron de carácter negativo, instaurando así la muerte política de la mujer.
Las reivindicaciones históricas del feminismo
Aún hoy cuando se han alcanzado incuestionables logros en la lucha por la igualdad de la mujer, hay que reconocer que continúan existiendo mecanismo sociales y culturales que la discriminan. En muchas naciones, la mujer de hoy vota, participa en la vida pública y política y en teoría, tiene las mismas oportunidades y derechos que los hombres en todos los campos. Sin embargo, en todos los países no se respetan de igual manera estos principios. Incluso en los estados constitucionalmente los plantean, logrando que las mujeres sigan siendo victimas de una vieja y sólida cultura machista. En este caso son: la violencia doméstica, el acoso sexual, el trato diferenciado, denuncias cotidianas en las sociedades modernas. La lucha de las mujeres en este sentido tiene una larga historia, que se nutre en numerosos temas que habían comenzado a ser desarrollados desde la Edad Media.
Por un lado, hay que mencionar la idea expresada en Francia en el siglo XIV (Cristina de Pisán) y en Inglaterra en los siglos XVII (Mary Astell) y XVIII (Mary Wollstonecraft) de que las diferencias entre hombres y mujeres no provienen de la naturaleza, sino de la distinta educación de los dos sexos, y de que el acceso de las muchachas a la instrucción debe prepararlas a asumir todas las funciones que se encuentran prohibidas por la sociedad. Igualmente relevante resulta la protesta contra la muerte civil de la mujer en la familia y su expulsión de las funciones económicas y políticas, difundida en el siglo XVI en Holanda, en Inglaterra en el siglo XVIII y en Francia en los siglos XVII y XVIII. El rechazo de la doble moral sexual fue expresado en el siglo XVII por las inglesas, y en siglo XIX por las saint-simoniaanas y las feministas del International Council of Women (ICW).
De igual manera, cabe mencionar que la teoría de que la liberación de las mujeres sólo podría ser obra de las mujeres, y de la posición de las francesas del siglo XIX, según la cual esta liberación femenina es inseparable de la de todos los trabajadores. Sumado a esto, el derecho de la mujer al placer fuera del matrimonio fue reivindicado en el siglo XIX por Claire Demar y las saint-simonianas.
Resulta también fundamental, sumar a ello, la relación establecida en las asociaciones filantrópicas y religiosas de comienzos del siglo XIX y en las asociaciones feministas de fines de dicha centuria lo cual luchaban por la promoción de las mujeres y la por la paz. En 1870 André Léo enunciaba “la creencia de las mujeres revolucionarias” en el fracaso de la democracia, porque los demócratas nunca habían tomado en cuenta a estas personas de diferente sexo. Finalmente, no puede olvidarse la necesidad para las mujeres de extender su lucha a favor de la sociedad entera, idea formulada por Jane Addams y las feministas del ICW.
Fuente Consultada: Texto Basado en Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe) - Wikipedia - Enc. Encarta