La construcción del "ser mujer" desde los mitos. (1)

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

Este artículo fué extraído de la columna OVARIO FUERTE, de Elsa Lever M. - Periodista con Maestría en Comunicación por la FCPyS de la UNAM, diplomada en género por el PUEG de la UNAM, y en Feminismo por el CEIICH de la UNAM.

Aunque no nos demos cuenta, o nó lo reconozcamos, son muchos los mitos que acompañan nuestra vida, dando una especie de "sentido a un mundo que no lo tiene", y a través de ellos interpretamos nuestra identidad en relación con el mundo exterior y ponemos en práctica "nuevas estructuras vitales", pues encauzan el "intento desesperado de reconstruir el propio modo de vida".
En la construcción del "ser mujer" hay tres mitos importantes, virginidad, matrimonio y maternidad. Cada uno de ellos porta roles y conductas obligadas, que aparecen como "naturales": femineidad, castidad, obediencia, sumisión y delicadeza, además de suceder siempre en el hogar, en la esfera privada, como esposa y madre. Cualquier falla, voluntaria e involuntaria, podrá en riesgo la identidad femenina. La mujer pierde su condición de tal, y la sociedad le asigna adjetivos calificativos, según sus fallas:
mala madre, perversa, frívola, adúltera, prostituta, libertina, solterona, mancillada, violada, loca, infértil, frígida, lesbiana, etc. etc. Todo, cualquier cosa menos MUJER, menos SER HUMANO, menos SUJETO.
EL MITO DE LA VIRGINIDAD.
Es considerada como el regalo más preciado que una mujer puede darle al hombre que ama, garantía de la castidad y de la pureza, y de que sólo se ha sido mujer, (propiedad, vaya!!!) de ese hombre. Dar el "privilegio" a un hombre de romper el himen, es como la ofrenda que se hace a un dios (el hombre, claro). Es también para el hombre contabilizar haber sido el primero, y mostrar a otros hombres su PODER de POSEER, y su hombría.
Y no es necesario que la madre se lo transmita a la hija, porque la sociedad, la escuela, los medios y sobre todo LA IGLESIA, se encargan de alimentar y mantener vivo y vigente este mito.Los resultados de crecer y vivir conforme al mito de la virginidad, se traducen en graves daños, porque mientras más "naturalizado" haya sido el "perder la virginidad", más difícil será superar. Los daños serían la reproducción ( en automático y sin cuestionar) del mito, y la misigonia traducida en prejuicios y la desvalorización de la mujer por la falta o perforación de un microscópico e infuncional tejido.
SEGUIMOS EN EL PRÓXIMO ARTÍCULO  


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