Conocer mejor la anorexia. (última parte)

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

El paso crucial para su curación fué dejar de pensar en su familia y en los profesionales médicos como enemigos y empezar a considerarles aliados.

 

Fué definitivo para curarme, un punto de inflexión muy importante. Cuándo estás enfermo, todo lo interpretas como un ataque. Todo el mundo quiere verte bien, pero la anorexia te pervierte de tal manera que te lleva por el camino que quiere, te resistes a tratarte y la enfermedad se complica. Llegué a pensar que los médicos querían que estuviera gorda, cuándo no era así, porque combaten la obesidad. En el último ingreso, que duró cinco meses, entendí que los terapeutas y mi familia querían mi bien y verme feliz. Necesitaba un peso mínimo para tener una vida normal, la menstruación y encontrarme bien.

 

¿Qué le costó más durante el tratamiento? ¿Volver a comer, estar ingresada sin su familia, no ir a la escuela?

 

No puedo decir que fuera una sola cosa. Todo me costó mucho. Aprender a comer otra vez a los 16 años fue muy difícil. Hasta las 12 sabía.  Ahora, si estoy sola en casa, soy capaz de hacerme la comida y no salteármela. La comida, en nuestro caso, se tiene que ver como un tratamiento, como una pastilla que se toma. Se tarda tiempo en volver a disfrutar de ella como objeto de placer, en actos sociales, cenas con amigos, en Navidad. No hace tanto que disfruto la comida y ya han pasado cuatro años desde que superé la enfermedad. En cambio, la reincorporación a la vida estudiantil no me costó, sino que me gusta.

 

¿Tuvo miedo a morir?

 

Ese miedo me empujó a salir hacia adelante, como una especie de impulso. Pasé sin levanterme de la cama, sin comer ni beber, perdí el conocimiento y me tuvieron a llevar a urgencias. Allí lo ví claro.  A todo el mundo le asusta el ambiente que se respira en un servico de urgencias, la gente que corre, que grita. Tuve un pequeño momento de lucidez y me tomé una cucharada de arroz, después de tres semanas sin haber ingerido nada. Ese fué un paso muy importante.

 

Al salir del hospital, ¿le preocupaba recaer?

 

Pienso que pasaron unos dos años hasta que estuve curada y no necesité tratamiento. En ese período, todo estaba muy "tierno". Yo era muy vulnerable. Tenía mucho miedo y angustia de ser incapaz de comer. Si un día no te vigilan y te saltas una comida, puedes tener una recaída en cualquier momento. Mi terapeuta me advirtió: "Vigila, hazlo bien, porque sabes que te engancharás". Las herramientas que utilizaban eran argumentos para contrarrestar la inercia de los pensamientos irracionales. Hace casi cinco años que recibí el alta y ahora tengo una vida normal.

 

¿La anorexia le ha dejado alguna secuela?

 

Física, no. He recuperado toda la masa ósea que perdí (tenía osteoporosis) y la menstruación , y me he restablecido de los problemas de piel que tuve. En el aspecto psicológico, la secuela de la anorexia es positiva porque todo lo que sufrí me ha hecho más fuerte. Pero como toda enfermedad que se supera, es como una mochila que llevo a cuestas, aunque no dejo que intoxique mi presente. No he vuelto a recaer. Pero cuando me entero de que una persona cercana a mí ingresa por este motivo en un centro,  no puedo evitar que esto me remueva por dentro.

 

Reportaje realizado a MARIA CUESTA autora del libro "MI ANOREXIA" por CLARA BASSI, publicado en Boletín CONSUMER EROSKI - Fundación EROSKI -

 

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Etiquetado en SALUD

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