La mujer y el trabajo (Continuación)

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

En la Argentina aumenta cada año la cantidad de mujeres que trabajan fuera de su hogar, y este número se incrementa en la medida en que nos dirigimos a una generación más joven: las mujeres que empiezan ahora su vida adulta, ya no tienen como prioridad absoluta casarse y tener hijos, sino que también aspiran a conseguir un buen empleo por el cual acceder a los bienes que nuestra cultura promete (y exige). En esta aspiración la diferencia social y de educación influyen sobre el panorama de posibles alternativas laborales, pero no sobre las metas: el éxito de una vida, tanto de la mujer como del varón, se tiende a medir por el beneficio económico o la rapidez del ascenso dentro de la organización laboral, y no tanto por otros factores ligados al desarrollo,personal y afectivo.
Lo que antes parecía ser la modalidad masculina de "presencia en el mundo", ligada al reconocimiento público de lo que uno sabe hacer, es ahora también un parámetro femenino de medición de la propia capacidad.
Hasta aquí nada raro, sino un cambio coherente con la modificación del acceso a la educación y al trabajo profesional, que hace pensar más lo que podríamos llamar "la vida pública" sobre "la vida privada". Sin embargo la vida tiene los dos aspectos, fuertemente interconectados. Por esta razón identificamos algunos elementos de preocupación que surgen de la preponderancia que la cultura actual está dando al desarrollo de la carrera laboral por sobre el desarrollo personal y familiar.
APORTAR DESDE LA DIFERENCIA:
En primer lugar es interesante señalar que, en el esfuerzo de asimilación de las mujeres al mundo del trabajo remunerado, aspirando a un igual salario que los varones, éstas han tendido a borrar toda diferencia con respecto a los hombres para manifestar su plena aptitud para cualquier tipo de actividad. en esa nivelación de diferencias se han perdido quizás ciertos aspectos positivos de lo femenino, de los cuales el mundo tiene hoy una urgente necesidad; podríamos definir rápidamente esas capacidades diferenciales como "servicio a la persona".
Para asegurarnos que esta afirmación no sea atribuida a la supervivencia de prejuicios, cpnsultamos ciertas evidencias científicas recientes sobre el estudio del diferente funcionamiento del cerebro femenino con respecto al masculino, que se repercute lógicamente también en la conducta y en la capacidad para interactuar. La clave de las diferencias parece dependen de un mayor desarrollo relativo del cuerpo calloso, conjunto de fibras que une los dos hemisferios cerebrales. En la mujer se ha constatado un desarrollo de hasta un 12% mayor que en el varón. Una de las funciones que mejoraría esa mayor extensión del cuerpo calloso es el intercambio de información y de actividad entre los dos hemisferios que habilita para la comprensión de aspectos humanos complejos de las situaciones.
Se destacaría por ejemplo, la capacidad de comprender el estado emocional del otro, así como una especial aptitud por tener en cuenta numerosos detalles del contexto, que pueden dar un panorama más preciso de una situación. La mujer tendría así, un mejor rendimiento comparativo en tareas como la comunicación, la mentoría, el trabajo en equipo y cierta forma de liderazgo ligada al desarrollo de los demás.
Si la integración de la mujer al mundo del trabajo implica la pérdida de sus capacidades diferenciales,podemos afirmar que el mundo del trabajo en general se empobrece. Frente a un panorama más complejo de relaciones entre personas, o entre países y culturas diferentes, perder el punto de vista femenino y sus capacidades propias, implicaría una exclusión del mundo del trabajo, de una parte importante y fundamental del mismo.
Fuente consultada: el anterior y el presente artículo fué publicado a partir de un extracto del escrito de PAOLA DELBOSCO en Febrero de 2007 en ACTION INSTITUTE
 

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Etiquetado en Trabajo

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