¡ ¡Una Jueza con mayúscula! ! Entrevista a Carmen Argibay (1)
La jueza Carmen Argibay adelantó a Las/12 que en el 2011 la Corte Suprema de Justicia de la Nación podría dictar una sentencia que termine con los debates en tribunales sobre los abortos no punibles. Y le pide al Congreso que se ocupe de la despenalización del aborto. Además, reivindica la decisión de Néstor Kirchner de mejorar la Justicia, aunque sigue reclamándole al Gobierno mayor presupuesto para que la Oficina de la Mujer, que ella dirige, trabaje más. Además tiene un sueño para concretar durante su mandato: terminar con la Justicia patriarcal.
Sus piernas subían las escalinatas de Derecho desnudas o cubiertas por medias. No era su decisión, sino su obligación. Las mujeres no podían usar pantalones cuando ella estudiaba Derecho. No se imaginaban los que le cercenaban su derecho a caminar como quisiera que, aunque tuviera portación de polleras, ella iba a convertirse en la primera jueza designada en democracia para integrar el máximo tribunal argentino. Carmen Argibay tiene, ahora, 71 años, una madre a punto de cumplir 101, sobrinos/as de todas las edades y un futuro que no deja de mirar a un horizonte que siempre se le ocurre más lejano. O, mejor dicho, donde ella puede llegar más lejos. Allí donde se creía que no podía llegar. Sus ojos verdes que hoy iluminan el Palacio de Tribunales –donde las estatuas siguen mostrando a las mujeres con los ojos vendados– quieren ver más. “Voy a hacer un crucero a la Antártida”, dice, ambiciosa, pícara, vital y movediza. “No sé si vamos a poder bajar, pero al menos verla”, cuenta. Y se ilusiona.
Nunca se ilusionó (ni cuando era una estudiante, ni cuando estuvo presa del otro lado del mostrador de la Justicia) con integrar la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Pero ahora que llegó al máximo tribunal no tiene ganas de dejar pasar la oportunidad y tiene una ilusión: terminar con la Justicia patriarcal.
Por eso, dirige la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Y además de capacitar a integrantes del Poder Judicial, sensibilizar sobre el maltrato a mujeres violadas, explotadas sexualmente o maltratadas, también adelanta que, por primera vez, la Corte puede llegar a dictaminar –el año que viene– un fallo que, al menos, siente jurisprudencia en los casos de los abortos contemplados por el Código Penal.
–Y... a veces a una le cuesta porque está muy cansada. Pero me siento muy contenta. La Justicia está cambiando y va a cambiar más.
–Tengo 71 años.
–Estoy bien, por suerte el médico (Daniel Agranati) me ha dado un okey con las revisiones que me tengo que hacer periódicamente después del infarto de hace dos años. En el último estudio me encontró muy bien y estaba muy contento. Es verdad que le hago caso. Siempre le digo que es el único hombre que me puede dar órdenes.
–No estoy agobiada, hago lo que me gusta, descanso cuando tengo que descansar porque le hago caso al médico, tengo gente que me ayuda mucho a mi alrededor, me llevo bien con mis colegas lo que es agradable porque si no una está peleada con todo el mundo y el ambiente de trabajo se pone muy feo, trato de no estresarme, pero menos por cosas tontas.
Sus manos hablan mientras ella muestra la diversidad de sus colores. Sus dedos se pasean cuidados por dos anillos plateados. Su mano está dispuesta a dejarse ganar la pulseada por una pulsera violeta que le da varias vueltas, su cuello está enmarcado en un collar coral que aviva más la claridad de sus ojos, generalmente tapados por los anteojos, pero que resaltan mirándola de cerca. Los colores la visten. Sin presunción. La sencillez de su remera negra saca el protocolo de la silla alta de su despacho y de las fotos y cuadros con honores que ella combina con búhos, flores y una pollera animal print que la muestra como es: sencillamente aguerrida.
Los sentidos no se detienen sólo en sus sentencias. Tiene jazmines en agua en su escritorio que cambian la sensación de su oficina céntrica, muchas flores a su lado y un hornito aromático que ella también riega para que el aroma no se espante por las fojas y fojas de expedientes mientras la vela que dispara ese pequeño respiro no ahoga su llama. Ni ella mueve su sonrisa. Se ríe aún en las preguntas que no le gustan, pero que nunca la muestran jaqueada.
Ella no es una jueza tradicional (soltera, atea, pro despenalización del aborto), ni lo es su despacho. La fotógrafa le pide que pose al lado de las flores (los lirios) y ella acepta. No necesita preguntas para presumir por sus pequeñas revoluciones –a las que sus compañeros llamaban “las locuras de Carmen”–. Ella, aunque apurada, se presta. Y sonríe: “Vieron que tengo flores y no crucifijos, esa es otra de mis luchas”, enfatiza en alusión a su decisión de pedir que se quiten los crucifijos católicos de las salas de audiencia de todos los tribunales.
Nunca tuvo miedo de decir lo que pensaba. Antes de asumir, en el verano del 2005, mientras veraneaba en Miramar, causó el primer revuelo mediático cuando se declaró a favor de la despenalización del aborto. “Yo dije siempre mi posición. Me generó bastantes conflictos, pero vuelvo a reiterarla”, se planta. Su postura –sobre un tema que el 30 de noviembre tuvo su primera audiencia pública en la Cámara de Diputados y que está en la agenda de la Comisión de Legislación Penal para el debate durante el 2011– sigue clara. “Mi posición ya es conocida –reafirma–. El aborto existe y perjudica más a las mujeres más pobres. Hay varios proyectos en el Congreso y este es el momento propicio para dar este debate.”
–Es que no es una cuestión de tomar el guante. Cuando se aprobó el matrimonio igualitario ya no tenía sentido tratar esos casos planteados en la Corte. Y por otra parte es al Congreso al que le corresponde cambiar la ley. Hay que tratar de evitar la muerte de jóvenes que por no haber tenido educación sexual enfrentan un problema que no pueden solucionar de otra manera. Y este es un momento propicio para la apertura del debate por la despenalización del aborto en el Congreso.