Argentina: La asesina del dibujante Lino Palacio, que fue detenida en Tucumán, está libre tras 28 años en la cárcel.

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

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Claudia Sobrero tiene 50 años y es socióloga. Tiene varios récords penitenciarios. Un asesinato salvaje que conmovió a la Argentina en 1984.

 

Claudia Sobrero (50) es la mujer récord del sistema penitenciario argentino. Fue la única mujer que logró escapar de la cárcel Ezeiza; la primera y única que resultó condenada con la figura de reclusión perpetua más la accesoria por tiempo indeterminado.

Y la que pasó más tiempo detenida en la historia carcelaria argentina: sólo el asesino serial Robledo Puch -aún preso- la supera.

Hace pocos meses, esta mujer tatuada por todas partes, con piercing en uno de sus orificios nasales y de ojos celestes, está libre tras cumplir -teniendo en cuenta dos lapsos de breve libertad- 28 años de encierro.

Claudia Sobrero pasó a formar parte del salón de la fama de los criminales argentinos la madrugada del 21 de setiembre de 1984 cuando la detuvieron en Tucumán, acusada de ser una de las asesinas del dibujante Lino Palacio (81) y de su esposa. El doble crimen ocurrió en el departamento del hombre, ubicado en un edificio de la calle Callao al 1400 de Capital Federal.

Cinco días antes, el 14 de setiembre, Sobrero -que había sido pareja de un nieto de Palacio y con el cual tenía una hija- ingresó a ese departamento acompañado por su novio de ese momento -el chileno Oscar Odín González (19)- y un amigo de él, Pablo Zapata.

El trío de ladrones daba por seguro que en el lugar no había nadie; creían que Palacio y su mujer se encontraban en Mar del Plata. Sin embargo se encontraron con ellos y como el dibujante reconoció a Sobrero como la ex novia de su nieto, no tuvieron más remedio que matar a ambos.

A Palacio le dieron con una plancha en la cabeza y luego lo apuñalaron; con su esposa sólo hizo falta las cuchilladas. De la casa se llevaron algo de dinero pero como los tres ladrones estaban tan drogados, dejaron tantas huellas que no fue difícil atraparlos.

A Claudia -cuando el caso ya tenía repercusión nacional- la agarraron en Tucumán. Vestía pantalones de jeans y sombrero vaquero: llamaba mucho la atención. Su novio chileno cayó con ella.

"La historia mía que cuentan otros no es mi historia. Cuentan lo que ellos imaginan que es mi historia. A veces te da bronca y decís: que se vayan a la puta que los parió. A mi historia la cuento cada día. Ya no me interesa reivindicarme ante los medios o la gente", dice.

Desde Tucumán, Sobrero fue enviada a la cárcel de Ezeiza donde, en medio de un apagón, logró escapar: de ese modo se convirtió en la primera mujer de huir de ese penal de máxima seguridad. No le duró mucho porque a los pocos días resultó aprehendida nuevamente.

Como en los ’80 no existían los juicios orales, la chica que para entonces tenía 27 años resultó condenada recién el 7 de julio de 1990 (el juicio se llevó adelante por escrito). Entonces accedió a otro récord: ser la primera mujer condenada a reclusión perpetua más la accesoria por tiempo indeterminado; es decir la pena más severa que contemplaba el Código Penal Argentino. "Vas a salir 48 horas después de muerta", dicen que le dijo el juez.

Ya condenada, Sobrero comenzó con una tarea silenciosa de recuperación que, ella asegura, la hizo sola "porque la cárcel no reeduca una mierda". Terminó la secundaria al tiempo que buena parte de su familia -de clase media del barrio de Flores- prácticamente la abandonó.

Sobrero se recibió con buenas notas y se anotó en la carrera de Sociología y pasó a ser una figura eterna en la cárcel de Ezeiza donde presas ingresaban y salían y ella quedaba.

Además de estudiar, la asesina de Lino Palacio trabajaba para ayudar a otras internas y también se dedicó a la serigrafía. Con el tiempo logró, junto con compañeras de encierro, que la empresaria Amalia Fortabat y Pérez Celis comparan algunas de sus obras.

"Dejé la merca. Con lo que ganaba en no comprar droga empecé a ahorrar. Invertía en pequeñas cosas. ¿Hacía calor?: compraba un ventilador. Me centraba en eso. ¿Me tenía que recibir?: compraba una notebook. Ahí centraba mi cabeza", cuenta.

A principios de 2000, la Procuración Penitenciaria de la Nación, consideró su caso como "emblemático de la resocialización". La mujer empezó a escribirle cartas al por entonces presidente De la Rúa. En una de las misivas solicitó acceder a la pena de muerte: "¿para qué me quieren acá si nunca voy a salir?", le preguntaba al presidente que huyó en helicóptero y quien nunca le contestó.

Estas cartas más una extensa huelga de hambre, su caso volvió a concitar la atención de la prensa. Y desde el penal de Ezeiza, donde tenía conducta "10", se empezó a pedir por un indulto o la conmutación de pena.

En 2004 obtuvo un permiso de salidas transitorias para trabajar pero la Cámara de Casación -temerosa de que la mujer que ya tenía 42 años reincidiera- le revocó el beneficio.

Con más huelgas de hambre, Sobrero logró que le quitaran la accesoria de "tiempo indeterminado". Y después de que la Corte Suprema de Justicia declarara inconstitucional el artículo que impedía tener en cuenta el 2x1 para ese tipo de sentencias, la mujer logró quedar libre el 3 de enero de 2006. Un año duró en libertad.

El 27 de enero del año siguiente, Sobrero caía detenida después de un robo callejero junto con su pareja de ese momento.

"Estaba completamente sola. No tenía sostén ni nadie que me ayudara. Mi familia nunca estuvo. Tengo una hija que hace 25 años no veo. La otra quedó bajo el ala de mi vieja. Estuve en situación de calle 6 meses, debajo de un puente, en un lavadero abandonado. Tenía un compañero adicto a la pasta base. No tiene sentido contar qué pasó la noche que nos detuvieron. Yo perseguía a mi compañero para que devolviera la cartera y la policía me perseguía a mi. Así fue mi primera condicional: con frío, hambre, con HIV, sin trabajo y sola"., relata ella.

"Ya tengo 42 años y pasé la mitad de mi vida en esta unidad sin caer en el juego de un sistema que socava la dignidad de quienes lo transitan. Siento como si en medio del desierto me hubieran dado agua y luego me sacaran la cantimplora, dejándome sólo con el recuerdo del vaso", escribió en una carta enviada al entonces presidente Néstor Kirchner.

Desde hace meses, esta mujer de 50 años, está en libertad junto con su pareja (un hombre llamado Lucas, docente penitenciario de la cárcel de Ezeiza). Viven en la casa de él, en Haedo, y ya no quiere dar notas periodísticas porque dice que se encargan más de su caso policial que de los problemas que hay en las cárceles.

A diferencia de la primera vez que salió en libertad, Sobrero no está sola. Ha montado un taller de serigrafía en la misma casa donde vive con el que tiene en mente darle trabajo a personas que salen de la cárcel, justamente para que no les pase lo mismo que le pasó a ella.

Publicado por: Diario Los Andes - Mendoza (Argentina) - 07/10/12 -
http://www.losandes.com.ar/notas/2012/10/7/esta-libre-asesina-lino-palacio-tras-anos-carcel-671766.asp

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