Siete años viendo a una extraña en el espejo.

Publicado en por Los Derechos de las Mujeres

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Una perra labrador le arrancó a Isabelle la nariz, los labios, la barbilla y la mayor parte de sus mejillas.

 

Luego de una semana con muchos problemas, Isabelle Dinoire decidió tomar algunos somníferos para olvidar. Cayó en un sueño tan profundo que no sintió cuando Tania –una perra labrador de tres años cruzada con beauceron– le arrancó la cara. Al despertarse, moribunda todavía, quiso fumarse un cigarrillo pero notó que su boca no podía sostenerlo. Al verse en el espejo del baño, tenía la cara ensangrentada. A mordiscos y en un intento por reanimarla, Tania le había arrancado la nariz, los labios, la barbilla y la mayor parte de sus mejillas. Minutos después, fue llevada al hospital de Amiens, donde estuvo interna durante seis meses y comenzó a usar una máscara porque se consideraba un monstruo.

Hace siete años, el 27 de noviembre de 2005, Isabelle se convirtió en la primera persona del mundo en someterse a un trasplante de cara. Fue operada por los profesores Bernard Devauchelle, Sylvie Testelin, Bernard Lengelé y Jean-Michel Dubernard de Lyon, responsable del primer trasplante de mano en 1998.

A sus 38 años, Isabelle recibió de una mujer en estado de muerte cerebral la donación de un triángulo que incluía nariz, boca y mentón. La piel, el tejido subcutáneo, los músculos menores del rostro y las arterias y vasos provenían de la donante. Un año después de aquella cirugía de quince horas, pudo volver a sonreír.

La segunda persona que recibió un trasplante de cara fue Li Guoxing, un cazador chino de 30 años víctima de la mordedura de un oso, en marzo de 2006. A este hombre se le reemplazó una mejilla, el labio superior y una ceja. En enero de 2007, el francés Laurent Lantieri realizó otro trasplante a Pascal Coler, de 29 años, con un tumor de origen genético. Así, Coler recuperó sus facciones luego de que la enfermedad de Von Recklinghausen lo convirtiera en el hombre elefante.


Para Isabelle no fue fácil retomar su vida luego de la cirugía. “Fue intolerable. Vivía en una ciudad pequeña así que todos conocían mi historia. Al principio no fue fácil. Los niños se reían al verme y todos decían: ¡mira es ella, es ella!”, aseguró en una entrevista. Permaneció encerrada en su casa durante un largo tiempo, pues no quería aparecer en televisión. Solo volver al anonimato.

Aunque han pasado varios años, Dinoire piensa todavía en la mujer que le salvó la vida. “Cuando me siento triste o deprimida me miro al espejo y pienso en ella. Y me digo a mí misma que no debo rendirme. Ella me da esperanzas”, dijo la francesa. Su gran anhelo es conocer a la familia de quien le permitió tener una nueva cara.

En la actualidad, Isabelle continúa buscando un acuerdo con lo que ve en el espejo todos los días. Pasa sus días visitando a unos pocos amigos cercanos y paseando a un perro nuevo. Y cada vez que un periodista le pregunta si ha cambiado, ella responde: “soy la misma, pero con una cara diferente”.

Publicado por: KIEN&KE – diciembre/2012 -

 

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